Apnea del sueño: cuando dormir no significa descansar
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El licenciado en Kinesiología Ariel Zacco explicó cómo detectar este trastorno respiratorio que afecta entre el 6 y el 8 por ciento de la población, muchas veces sin diagnóstico. “Roncar, hacer pausas respiratorias y quedarse dormido en situaciones en las que no corresponde son las tres señales principales”, advirtió.
Durante años, el licenciado en Kinesiología Ariel Zacco estuvo relacionado a la atención de pacientes críticos y fue protagonista de una etapa compleja dentro del Hospital Gutiérrez de Venado Tuerto, especialmente durante la pandemia de Covid-19. Hoy, desde un rol más orientado a la gestión hospitalaria, junto al director Juan Ferrer y la vicedirectora María Becq, mantiene su vínculo con la parte asistencial a través de una problemática que considera subdiagnosticada: la apnea obstructiva del sueño.
“La apnea del sueño, como indica la palabra, significa una pausa en la respiración mientras la persona está dormida. Para que sea considerada apnea, esa interrupción debe superar los 10 segundos”, explicó. Y agregó que habitualmente esos episodios aparecen acompañados de una secuencia muy característica: “Son ciclos de ronquidos, pausa respiratoria y nuevamente ronquidos”.
Aunque en algunos casos puede presentarse sin ronquidos, el especialista señaló que es una situación menos frecuente y mucho más difícil de detectar. “La mayoría de los pacientes llegan a la consulta porque alguien les dice: ‘roncás mucho’, ‘dejás de respirar cuando dormís’ o ‘no me dejás dormir’. Muchas veces es la pareja o la familia quien advierte primero el problema”, detalló el especialista en kinefisiatría respiratoria crítica y terapia intensiva.
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Según indicó, la apnea del sueño tiene una prevalencia estimada de entre el 6 y el 8 por ciento de la población, con mayor incidencia en hombres a partir de los 30 o 35 años y en mujeres luego de la menopausia.
Una enfermedad que suele llegar tarde al diagnóstico
Uno de los principales inconvenientes de esta patología es que muchas personas conviven durante años con los síntomas sin asociarlos con una enfermedad. Por eso, Zacco remarcó la importancia de prestar atención a ciertas señales.
“El paciente que ronca, que hace pausas respiratorias y que además tiene somnolencia diurna, es decir, que se duerme en situaciones donde no debería hacerlo, tiene tres características muy importantes para sospechar apnea”, alertó.
Esa somnolencia no debe confundirse con el cansancio habitual. “Si una persona se levanta a las 8 de la mañana y a las 10 ya tiene sueño, significa que probablemente durante la noche no tuvo un descanso reparador”, señaló.
Además, enumeró otros síntomas frecuentes: quedarse dormido mientras maneja, mayor probabilidad de accidentes laborales, pérdida de memoria, irritabilidad emocional, dolores de cabeza matutinos, levantarse varias veces durante la noche para orinar, desgano, apatía o incluso cuadros depresivos.
“Es una enfermedad que está infradiagnosticada. Por eso, cuando uno consulta con un médico clínico debe contar estos síntomas: ‘ronco’, ‘me dicen que dejo de respirar’, ‘me duermo durante el día’, porque esos datos son fundamentales”, insistió.
El diagnóstico y la importancia del estudio del sueño
Para confirmar la presencia de apnea, el primer paso es una evaluación clínica y un interrogatorio específico. Luego se realiza un estudio diagnóstico.
“El estudio considerado como regla de oro es la polisomnografía, que se hace en un laboratorio del sueño. Pero actualmente la poligrafía domiciliaria tiene una utilidad muy importante, porque permite estudiar al paciente en su ambiente habitual, en su propia cama y durante una noche normal”, explicó Zacco.
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El equipo registra diferentes parámetros durante el descanso y permite determinar la gravedad de la enfermedad según la cantidad de pausas respiratorias por hora.
“Entre cero y cinco pausas por hora se considera normal. De cinco a 15 es apnea leve; de 15 a 30, moderada; y más de 30 pausas por hora corresponde a un cuadro severo”, describió.
Sin embargo, aclaró que no solamente importa la cantidad de interrupciones respiratorias, sino también cómo responde el organismo. “Se analiza qué pasa con el oxígeno en sangre y con la frecuencia cardíaca. Un paciente con un índice moderado puede tener una enfermedad más severa si presenta una caída importante del oxígeno”, explicó.
Tratamientos y cambios de hábitos
Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento depende de la gravedad del cuadro y de las características del paciente.
En los casos leves, pueden indicarse medidas relacionadas con el estilo de vida. “Hay pacientes que pueden mejorar modificando el índice de masa corporal, haciendo actividad física, trabajos de fuerza controlados y ejercicio aeróbico”, indicó.
Cuando la apnea supera determinados valores, el tratamiento más utilizado es el equipo CPAP (presión positiva continua en la vía aérea). “La apnea se produce porque la vía aérea se colapsa, pierde diámetro. Si se achica parcialmente aparece el ronquido y si se cierra completamente aparece la pausa respiratoria”, precisó.
El CPAP funciona generando una presión de aire que mantiene abierta la vía aérea durante el sueño. “Lo que hace es crear una especie de colchón de aire que estabiliza las paredes y evita que se cierre respiración por respiración”, detalló.
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Antes de indicar el tratamiento definitivo, se realiza una prueba para determinar cuál es la presión adecuada que necesita cada paciente. Luego, con los estudios correspondientes, el médico tratante define la indicación final.
“Es importante entender que es un tratamiento de por vida. El paciente termina utilizando el equipo en su casa para poder dormir correctamente y evitar las consecuencias de la enfermedad”, señaló.
Cobertura garantizada y acceso al tratamiento
En cuanto al acceso al tratamiento, Zacco remarcó que la apnea del sueño forma parte del Programa Médico Obligatorio (PMO), por lo que las obras sociales están obligadas a garantizar la cobertura tanto del diagnóstico como del tratamiento indicado. Esto incluye la provisión del equipo CPAP, que puede resolverse mediante compra o alquiler, según el esquema definido por cada financiador con los proveedores.
En ese sentido, elogió el funcionamiento de Iapos, la obra social provincial, por la rapidez del circuito administrativo. “Con el diagnóstico de la poligrafía, la titulación y la documentación completada por el médico de cabecera, se envía la solicitud a los proveedores de equipos de ventilación domiciliaria que figuran en la cartilla y, en una semana, el paciente recibe la visita de una enfermera que entrega el equipo y enseña cómo utilizarlo”, explicó.
Factores que agravan el cuadro
El kinesiólogo Ariel Zacco subrayó que “la mayor o menor predisposición a sufrir el trastorno está relacionada con el morfotipo constitucional de la vía aérea, es decir, con la anatomía que heredamos”.
Sin embargo, existen factores que pueden empeorar la enfermedad. “El consumo de alcohol, el tabaquismo, el sedentarismo, el exceso de peso y el uso de relajantes musculares o benzodiacepinas durante la noche pueden aumentar la cantidad de pausas respiratorias y agravar los síntomas”, puntualizó.
Para el especialista, la clave está en no naturalizar ciertos signos que muchas veces se toman como normales. “Roncar no siempre es algo inocente. Cuando está acompañado de pausas respiratorias y sueño durante el día, hay que consultar. Detectar la apnea permite mejorar la calidad de vida y prevenir complicaciones”, concluyó.

