Choque sin equivalencias ante Zambia
Argentina ganó caminando, en todo el sentido de la palabra
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Fue 5 a 0, con Thiago Almada como figura, un gol del “10” que jugó los 90 minutos y el gesto de Messi para pedirle a Otamendi que patee –y convierta- un penal. La selección no se esmeró demasiado para golear. Tanta fue la diferencia, que por momentos el partido aburrió.
A veces uno se pregunta si realmente sirven, como medida, esta clase de amistosos. Insisto en que seguramente los técnicos dirán que sí, probarán variantes, jugadores, movimientos y estrategias. Pero inevitablemente se puede caer en el pecado de jugar con cierta displicencia. No porque se le falte el respeto al rival, sino porque la diferencia entre el que se sabe superior, por sobre el inferior, es tan grande que el superior (en este caso Argentina), sabe que no hay riesgos. Mucho más cuando se consigue el primer gol cuando iban 3 minutos, se cierra el segundo tiempo con el 2 a 0 y se lo termina –en cuanto al resultado- en la primera jugada de la parte final.
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Hizo mucho “fulbito” Argentina, caminó la cancha, se encontró con un equipo flojo, que no lo comprometió en absoluto. Pero ante este panorama, la falta de sorpresa y la cantidad de pases hacia atrás para arrancar otra vez la jugada, tornaron al partido, por momentos, en soporífero.
El arranque y el cierre del primer tiempo alcanzaron para que Julián Alvarez y Messi le dieran la ventaja parcial (merecida) de dos goles. Pero fue eso, algunas apariciones por sorpresa de Molina (uno de los pocos que pretendió romper con esa monotonía con mucho de aburrimiento), algo de Messi, de Thiago Almada (tirado generalmente por izquierda) y el buen primer pase de Paredes. Y punto.
Argentina lateralizó el juego y cuando parecía que estaba todo dado para acelerar, de inmediato venía el pase hacia atrás y a volver a empezar. No se lo tomó como algo accidental o por necesidad del momento, sino como estrategia. Y por eso, el juego se tornó muy previsible, con extrema quietud por parte de los dos equipos, sin sorpresa y aburriendo a una multitud que se levantó cuando llegó el gol de Messi en el cierre de la primera etapa, tocando la pelota hacia adentro para ir a buscar la devolución y definiendo con justeza en el único agujerito que le quedaba entre el arquero y el segundo palo.
Uno se pregunta si realmente sirven partidos como éste, donde todo se hizo a un ritmo tan tranquilo, tan cansino y con esa sensación de partido amistoso –demasiado amistoso- que no se pudo modificar en todo el primer tiempo en el que la selección dispuso de la pelota en el 80 por ciento largo del tiempo, pero haciendo todo con una extrema lentitud y, aún así, algunas imprecisiones, por ejemplo en un MacAllister que deberá mejor en el manejo de la pelota.
Y así como de arranque del partido había convertido el primero (el de Julián Alvarez), en el comienzo del segundo llegó el tercero. Se juntaron Messi y Almada. El “10” metiendo un pelotazo estupendo y el “11” encarando y siendo derribado adentro del área. Allí, el gesto de Messi fue muy bueno. Lo llamó a Nicolás Otamendi, que ya anunció que juega el Mundial y le dice adiós a la selección, para rematar con gran categoría desde los doce pasos y colocar el partido 3 a 0. Partido definido.
Scaloni movió el banco. Entraron Nicolás González, De Paul y Valentín Barco. En este último caso y más allá de que salió Tagliafico, lo hizo para jugar de volante interno. El que fue por afuera para ubicarse de lateral, fue Nicolás González, en tanto que De Paul, el tercero de los ingresantes, lo hizo por un impreciso MacAllister.
El cuarto llegó como consecuencia de una gran jugada de Thiago Almada (de lo mejor de la selección), que combinó con Barco, buscó la devolución y cuando quiso conectarse con algún compañero con el pase al medio, el que terminó empujando la pelota providencialmente contra su propio arco fue un rival (Chanda). Gol en contra y 4 a 0, todavía con más de 20 minutos por jugarse.
Una nueva ovación llegó cuando Scaloni decidió sacar a Otamendi, aplaudido por todo el estadio, para que ingrese Martínez Quarta en su lugar, mientras que Simeone lo hizo por Julián Álvarez. El partido estaba totalmente liquidado desde hacía un rato largo y Argentina se daba algunas “licencias” para seguir manejando por completo el trámite del partido y para seguir probando modificaciones.
La selección mejoró la imagen en el segundo tiempo, tuvo más ritmo, más verticalidad y no tantos pases hacia atrás. Las situaciones de gol se fueron sucediendo y eso motivó mucho más a la gente y no la aburrió tanto como pasó en ese primer tiempo de trámite anodino, más allá del ostensible dominio que tuvo la selección campeona del mundo.
Ovaciones para Messi (tremendo pase al claro en la jugada final del gol de Barco), el gesto del capitán para que Otamendi patee el penal, la figura de Thiago Almada (el mejor de todos) y los arranques de Molina para despertar un poco la modorra con la que se jugó en varios momentos de un partido sin equivalencias y que Argentina ganó caminando y jugando a media máquina.
