Un 3 a 0 inapelable ante Islandia
Argentina y una abundancia de juego y goles que nos permite ilusionarnos
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Argentina ganó con autoridad ante Islandia, sin dejar dudas y sin traicionar un estilo de juego que no abandona.
Enrique Cruz (El Litoral)
(Enviado Especial a Estados Unidos)
Fue 3 a 0, volvió Messi, hizo un gol e hizo levantar a la tribuna, el equipo respondió como el técnico pretende que responda, no se traicionó el estilo y volvió a mostrarse una sencillez, prepotencia e identidad de juego, que nos hace ilusionar otra vez.
Pero más allá de que estamos a una semana de la hora de la verdad y que el fervor mundialista nos inunda a todos y nadie puede escaparse de esas generales de la ley, lo que se ve es promisorio. Y suficiente para que volvamos a ilusionarnos.
No había sido sencillo el partido en el arranque, porque si bien Argentina manejaba pelota y espacios, la primera jugada clara la tuvo Islandia con un contragolpe que no terminó en gol por poco.
Pero iban 8 minutos del primer tiempo cuando Barco, uno de los mejores de la selección en el primer tiempo, metió un zurdazo repentino que se clavó junto al palo derecho y así la selección logró la ventaja parcial con la que se fue en ganancia al término del primer tiempo.
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Fue superior Argentina. Por manejo de pelota, con Palacios como eje en la mitad de la cancha, acompañado por Lo Celso en esa gestión de dominio del juego y encontrando buena predisposición del resto, empezando por Barco y siguiendo por un Flaco López muy activo para aguantar la pelota, sumarse al juego y también solidarizarse con el resto para aguantar la pelota y ofrecerse siempre como una alternativa de descarga.
Rulli casi no debió intervenir, defensivamente el trabajo fue cómodo y correcto, a la pelota se la manejó mucho más que Islandia y tuvo más llegadas. Demasiado y suficiente para justificar esa victoria parcial de 1 a 0, con una temática muy clara: mucho dominio de la pelota, nada de arriesgar con pelotazos, toques de primera, rotación y vocación ofensiva para sumar gente en ataque.
Casi la misma situación que había tenido Islandia en el arranque del partido, la tuvo Argentina en el comienzo del segundo. Casi abajo del arco y con todo el arco a disposición, Lautaro Martínez no pudo conectar una pase que le metieron en un contragolpe que encontró mal parada a la defensa de Islandia, pero no llegó a empujarla al fondo del arco. Y unos minutos después, un gran cambio de frente de Enzo Fernández (uno de los tantos que ingresó en el segundo tiempo), fue capitalizado por Lautaro Martínez, volcado por izquierda, para ingresar al área y colocar el balón al centro del área. Con todo el arco a disposición, conectó como venía MacAllister, pero la pelota pegó en el poste derecho y así no se pudo marcar, en el resultado, la diferencia existente en el resultado.
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Ese mismo palo izquierdo fue el responsable de que Argentina no marque el segundo. Lautaro Martínez le dio final a una gran jugada colectiva, con toques de primera, descargas inteligentes y una enorme definición del delantero del Inter, que otra vez le negó el gol a una Argentina que no paraba de atacar y de buscar el segundo gol, con varias modificaciones que el técnico no dejaba de implementar.
La gran expectativa de ver a Messi se vio satisfecha sobre los 24 minutos del segundo tiempo, luego del paráte obligado de hidratación. Y en la primera pelota que tocó el “10”, lo dejó mano a mano a Lautaro, que quiso picar la pelota por encima del arquero, pero le cometió un claro penal. Y la segunda pelota que tocó Messi, fue gol. Penal que él ejecutó (porque él lo gestó) y que fue gol. Arriba y al ángulo para marcar el 2 a 0 que le daba un poco más de claridad y justicia al resultado.
El hecho se convirtió en historia: Messi se convirtió en el jugador más veterano en anotar con la Selección Argentina, con 38 años, 11 meses y 14 días. Fue un record, de los pocos que le estaban faltando (o casi ninguno ya), que no era suyo, sino del eterno Angel Amadeo Labruna. Otro hito en la historia de un jugador inigualable.
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Por momentos, Argentina se floreó. Toques de primera, paredes, confianza en el manejo de la pelota y jugando hasta con esa soberbia bien entendida cada vez que se lo proponía. Es el respeto a una idea que no se altera por más que jueguen suplentes o se alternen con los titulares. La selección de Scaloni tiene una identidad y si bien el técnico dijo que hubiese preferido no jugar estos amistosos, la realidad es que no solamente sirvieron para ganarlos (aumentando la cantidad de partidos invictos en amistosos), sino para que el técnico saque conclusiones. Y bajo ese influjo llegó el tercero. Gran aceleración entre Messi, De Paul y la habilitación estupenda para que Thiago Almada la empuje al fondo del arco. 3 a 0 clarísimo y justo, a tono con lo que fue el partido.
Con espacios, de contragolpe y con rapidez, Argentina fue una amenaza constante para Islandia hasta el final del partido. La imagen final fue buena. Y no es solo por el resultado, sino por la convicción, la sencillez y una identidad de juego muy clara que el equipo no abandona, por más que haya modificaciones de nombres y hasta de esquema. Tácticamente puede cambiar, pero la estrategia, el modo, las formas, no se alteran.
Ahora, a pensar en Argelia y en la defensa del título. La selección llega bien, pero esto a veces no cuenta. No es una condición indispensable de éxito. Se puede llegar muy bien y luego fracasar o se puede llegar mal, con dudas y con incertidumbres, pero luego triunfar. Jugó Messi muy bien, volvió Montiel, otra vez Giay demostró que es un jugador que se potencia con la camiseta de la selección y los “históricos” del proceso Scaloni siguen dando respuestas. Veremos. El martes empieza la hora de la verdad.
