Road show
Cómo quedaron el motor y las gomas del Lotus de Colapinto
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El Lotus E20 (disfrazado de Alpine) no solo dejó un sonido inolvidable en Palermo. También terminó con neumáticos exhaustos, marcas de temperatura extrema y un principio de incendio que reflejó hasta dónde llevó Franco Colapinto el show ante la multitud.
(Por Mariela Pallero) - El road show de Franco Colapinto en Palermo dejó algo más que una postal de fiesta popular. También dejó las marcas concretas de una exhibición llevada al límite: el rugido del motor V8 del Lotus E20, los neumáticos destruidos por los trompos y el principio de incendio en la parte trasera del auto resumieron la intensidad de una jornada que hizo vibrar a Buenos Aires.
Si el sonido del Lotus fue una de las grandes atracciones del día, el estado final del auto fue la prueba más visible de esa exigencia. El monoplaza terminó castigado por las aceleraciones, las donas y las maniobras con las que Colapinto buscó devolverle al público cada metro de asfalto en forma de espectáculo.
Las gomas fueron una de las piezas más castigadas. El desgaste quedó a la vista después de las salidas a pista: caucho degradado, superficie marcada y un evidente deterioro provocado por los trompos que dibujaron círculos negros sobre el pavimento de Palermo. En esas ruedas quedó escrita una parte de la historia del show.
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El Lotus E20 quedó marcado por la exigencia tras las maniobras de Colapinto en Palermo.
Pero el otro gran protagonista fue el motor. El V8 del Lotus E20 no solo se hizo escuchar: devolvió un sonido que para muchos fanáticos fue una vuelta al pasado de la Fórmula 1. Ese bramido potente, seco y visceral acompañó cada pasada de Colapinto y fue parte central de la experiencia. Para los más chicos, acaso fue un descubrimiento. Para los que crecieron con otra Fórmula 1, una recuperación emocional.
La exigencia llegó al punto máximo en el cierre. Después de las últimas maniobras, el Lotus mostró fuego en la zona trasera, cerca de los escapes, y obligó a la rápida intervención de los mecánicos para apagar las llamas. La escena, impactante para el público, terminó de condensar el espíritu de la jornada: auto al límite, piloto entregado al show y una multitud celebrando cada segundo.
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Neumáticos desgastados y huellas en el asfalto, reflejo del show al límite.
El estado en que quedó el Lotus fue, en definitiva, otra forma de contar lo que pasó en Palermo. El motor dejó el rugido. Las gomas, las cicatrices. Y entre ambos construyeron la prueba más concreta de que Colapinto no se guardó nada frente a su gente.

