Cuando ganar es volver por la que falta: el enorme gesto de una nena en los Santa Fe Juega
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La joven venadense de la Escuela Especial N° 2112, Ana Roldán, había terminado segunda en una serie de 100 metros adaptados, pero al advertir que otra participante no podía completar la prueba regresó para acompañarla hasta la llegada. “No le importó el resultado, quería que todas terminaran”, contó su padre.
Hay carreras que se definen cuando alguien cruza primero la línea de llegada. Y hay otras en las que el resultado termina siendo apenas un detalle.
En una de las últimas series de los 100 metros adaptados de las instancias departamentales de Santa Fe Juega, disputadas en el Parque Municipal General Manuel Belgrano de Venado Tuerto, Ana Roldán protagonizó una escena capaz de explicar, en unos pocos segundos, buena parte de aquello que el deporte intenta enseñar.
Ana, representante de la Escuela Especial N° 2112, había llegado segunda. Su carrera estaba terminada. Podía quedarse junto a la meta, recuperar el aire y pensar en el resultado.
Pero miró hacia atrás.
Y entonces comenzó otra carrera, una que no figuraba en ninguna planilla.
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Volvió a buscarla
Tres competidoras habían largado aquella serie. La primera consiguió completar los 100 metros y Ana arribó detrás. Sin embargo, la tercera participante se había detenido antes de llegar y se negaba a continuar.
Ana advirtió lo que estaba pasando.
En lugar de quedarse esperando la clasificación o celebrar su actuación, dio media vuelta, regresó por su compañera y corrió junto a ella para ayudarla a completar los metros que faltaban.
Ya no importaba quién había llegado primera o segunda.
Lo importante era que fueran tres las que pudieran terminar.
La escena quedó registrada en un video y rápidamente se transformó en mucho más que una imagen deportiva. Porque mientras alrededor había una competencia, Ana eligió convertir por unos instantes a una rival en compañera.
“Quería que todas terminaran”
Su padre contó después lo ocurrido y puso en palabras aquello que la imagen había mostrado.
“Tres competidoras largaron la última serie de 100 metros adaptados. Llegó la primera, la segunda y la tercera se negaba a llegar. Su rival, que había terminado segunda, la fue a buscar para que pudiera terminar la prueba”, relató.
Esa segunda competidora era su hija.
Y para la familia, lo que vino después tuvo un valor difícil de medir en posiciones o medallas.
“A nuestra hija no le importó el resultado, quería que todas terminaran la competencia. Son cosas que a nosotros, como padres, nos enorgullecen más que una simple medalla”, expresó.
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La llegada más importante
En el deporte se aprende a competir. A esforzarse para ganar. A intentar superar una marca, alcanzar una clasificación o subir al podio.
Pero también existen momentos en los que aparece algo que está por encima de todo eso.
Ana ya había cumplido con su prueba. Había corrido sus 100 metros y conseguido el segundo lugar. Nadie le pidió que regresara. No había puntos adicionales, premios ni una mejor posición esperando por aquel gesto.
Simplemente vio que alguien necesitaba compañía y volvió. Allí estuvo el verdadero valor de la escena.
Porque la joven podría haber terminado aquella jornada con una medalla como recuerdo. En cambio, dejó además una imagen de empatía, compañerismo e inclusión que probablemente permanezca mucho más tiempo que cualquier resultado.
Lo que también enseña el deporte
La escena se produjo durante las clasificaciones departamentales de Santa Fe Juega en deporte adaptado, una instancia en la que jóvenes de la región buscan avanzar dentro de la competencia provincial.
Sin embargo, por unos segundos la clasificación quedó en segundo plano.
Ana y aquella participante avanzando juntas hacia la llegada resumieron otro costado de estas experiencias: encontrarse, compartir y entender que competir no significa necesariamente dejar al otro atrás.
Su acción también adquiere un significado especial por el trabajo deportivo y educativo que se desarrolla con estudiantes de la Escuela Especial N° 2112 de Venado Tuerto.
No hizo falta una celebración espectacular ni un discurso preparado.
Fue apenas una decisión: mirar hacia atrás, descubrir que faltaba alguien y regresar.
Ana Roldán terminó segunda aquella carrera. Pero cuando volvió por su compañera consiguió algo para lo que no existe podio.
Demostró que, algunas veces, llegar verdaderamente primero significa asegurarse de que nadie llegue solo.

