El consumo rompe su racha negativa
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Hubo un crecimiento interanual del 0,1%. La desaceleración de la inflación y una leve mejora en los ingresos reales explican el dato.
En abril de 2026, la economía argentina ofreció un pequeño destello de alivio para el bolsillo de los hogares. Según el último informe del Indicador de Consumo (IC) elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el consumo de bienes y servicios finales registró un leve crecimiento del 0,1% en la comparación interanual.
A simple vista, el número parece modesto, pero cobra una relevancia mayúscula al analizar su contexto: este resultado corta -en principio- la preocupante tendencia de variaciones interanuales negativas que habían marcado a fuego el primer trimestre del año.
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Además, si se aísla el efecto estacional, el crecimiento frente al mes de marzo fue del 1,6%, una clara señal de reactivación a corto plazo.
Algo, pero no tanto
El dato sectorial privado contrasta con recientes declaraciones de Luis Caputo. El ministro de Economía dijo en el Meeting BATEV que “el Producto y el consumo privado están en los máximos históricos”. Lo vinculó a la recuperación económica, récord de exportaciones, baja de inflación y mejora en salarios.
En otros eventos (como el IAE Summit), resaltó que la economía se está recuperando, con exportaciones en récord y consumo privado creciendo. Afirmó que la estabilización macro (baja inflación y más crédito) impulsará una reactivación más clara del consumo interno.
Caputo suele diferenciar el consumo agregado (que según datos oficiales muestra recuperación o récords) del mercado interno percibido. Argumenta que la reactivación viene de la mano de menor inflación, mayor crédito y obras públicas, y que junio/julio 2026 serían meses clave.
Ha mencionado medidas como baja de retenciones (incluyendo industriales), reducción de impuestos distorsivos y más financiamiento para pymes para ayudar a reactivar la demanda interna.
En reuniones con la UIA (industriales), habló directamente de reactivación del consumo como prioridad, junto con alivio fiscal.
Mientras el Gobierno destaca indicadores macro positivos, opositores y algunos sectores (supermercados, industria) señalan caída real del consumo popular y cierre de empresas. Caputo defiende que el esfuerzo de estabilización está dando resultados y que “la fiesta recién empieza” en términos de crecimiento.
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La recesión reciente
Para comprender la magnitud de este "empate técnico" positivo, es necesario mirar por el espejo retrovisor hacia los períodos recesivos recientes. Durante el año 2024, tanto el consumo como la actividad económica sufrieron un duro revés, marcando un período de recesión profunda sin excepciones a lo largo del año.
CAC señala que si bien el 2025 había mostrado fuertes signos de recuperación (estableciendo bases de comparación interanual muy elevadas), el inicio de 2026 amenazaba con devolver los fantasmas recesivos de 2024.
¿Qué motorizó este cambio?
La leve alza de abril sugiere, al menos por ahora, que esa caída ha encontrado un piso y aporta una luz de esperanza tras el fuerte descenso experimentado dos años atrás. La inflación -que este mes perforaría el piso del 2% en mayo- da tregua a los ingresos.
La respuesta reside en la variable que más castigó a los argentinos recientemente: la inflación. Tras más de un semestre de aceleración continua, el índice de precios aminoró su marcha, pasando de un 3,4% en marzo a un 2,6% en abril.
Esta desaceleración —que cobra aún más valor considerando que marzo suele ser un mes de alta inflación por motivos estacionales como el inicio escolar— funcionó como oxígeno puro para los ingresos reales de las familias y su capacidad de gasto.
Ingreso nominal
La CAC estima que el ingreso nominal promedio por hogar alcanzó los $3.010.000 en abril, lo que representa un avance real del 0,2% respecto a marzo.
Como consecuencia, el ingreso disponible de los hogares ya acumula dos meses consecutivos de variación interanual positiva, un hito fundamental para la reactivación.
Pero advierte que el repunte del 0,1% del índice general esconde realidades muy dispares, demostrando que la recuperación no es homogénea.
Los motores del mes: El gran ganador fue el rubro de indumentaria y calzado, que experimentó un vigoroso crecimiento del 6,4% interanual, superando incluso los buenos niveles de 2025.
Por su parte, el sector de Vivienda, alquileres y servicios públicos también acompañó con una suba del 3,2%, impulsado por un repunte en la demanda eléctrica.
En terreno negativo: El rubro Transporte y vehículos sufrió una dura contracción del 4,1% interanual, contrapesando el índice general
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Recreación y cultura cayó un 0,8%, aunque es justo mencionar que se compara contra un abril de 2025 que había tenido un desempeño excepcionalmente alto (casi un 30% de aumento contra 2024).
Alerta en consumo masivo
El dato de mayor alerta proviene de los bienes de consumo masivo (FMCG, por sus siglas en inglés). Este sector esencial retrocedió un 3,8% interanual y un alarmante 4,7% en la medición desestacionalizada respecto a marzo de 2026.
La trayectoria del consumo masivo ha puesto una "pausa" a su recuperación. El "cepo" del crédito frena a los bienes durables. Si bien la volatilidad de las tasas de interés se ha reducido significativamente, hay un gran ausente en la economía familiar: el crédito.
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Las tarjetas de crédito, los préstamos personales y los créditos prendarios acumulan una seguidilla de meses a la baja, luego de haberse estancado a fines de 2025.
Curiosamente, solo el crédito hipotecario logra mantenerse en terreno ascendente. Esta sequía financiera impone un límite claro al consumo de bienes durables.
Como consecuencia directa, el patentamiento de autos luce estancado tras un 2025 pujante, las ventas de electrodomésticos se mantienen en una meseta chata y las escrituras de inmuebles no logran continuar su ascenso.
¿Qué depara el resto del 2026?
El informe de la CAC plantea una encrucijada clave para los próximos meses, con mayor cautela que la versión oficial. Con los bienes de consumo masivo estancados y los bienes durables atrapados en una meseta, el año 2026 deberá definir su identidad.
Si los durables retoman su crecimiento, se consolidará el cambio de hábitos que comenzó en 2024 y 2025, donde estos bienes ganaron terreno en detrimento de las compras de supermercado.
De cualquier forma, el factor determinante será si el país logra mantener este sendero desinflacionario naciente; un requisito innegociable para que los bolsillos sigan respirando.

