El impacto de la inteligencia artificial en el empleo: qué trabajos cambiarán
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Juan Corvalán, director del Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Facultad de Derecho de la UBA, señaló que la tecnología puede mejorar la productividad, pero pidió mantener el control humano sobre sus usos y resultados.
La inteligencia artificial ya puede redactar textos, programar, analizar información y resolver parte de las tareas que hasta hace poco requerían la intervención de profesionales. Para Juan Corvalán, director del Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Facultad de Derecho de la UBA, el cambio obliga a revisar cómo se trabaja y qué capacidades seguirán siendo necesarias.
“La principal preocupación es el reemplazo de tareas y de algunos puestos de trabajo de actividades cognitivas de alto nivel”, explicó el especialista. Se refirió a empleos de oficina y profesiones que producen, procesan o revisan información, un grupo que durante años parecía menos expuesto a la automatización que los trabajos manuales.
Corvalán planteó que la respuesta no debería ser dejar de utilizar estas herramientas. La IA puede ayudar a una empresa a acelerar procesos, colaborar en el ámbito de la salud y liberar tiempo destinado a tareas rutinarias. La cuestión, sostuvo, es determinar hasta dónde se delegan decisiones y cómo se supervisan sus resultados.
Las tareas que pueden cambiar primero
Entre los ejemplos mencionó la producción de contenidos para redes sociales. Un agente de IA puede preparar una publicación, programarla y analizar algunas métricas. Eso modifica las tareas de quienes trabajan en comunicación, aunque también abre funciones de planificación, edición y control que siguen requiriendo criterio humano.
El especialista comparó esa situación con la de los oficios que necesitan presencia física. A su entender, actividades como la plomería tienen, en el corto plazo, menos posibilidades de ser ejecutadas por un sistema de IA que ciertas tareas digitales.
También señaló cambios en programación, abogacía y contabilidad. Su planteo no apunta a la desaparición completa de esas profesiones, sino a una reorganización de sus funciones. En programación, por ejemplo, profesionales con experiencia pueden dedicar más tiempo a revisar código, detectar fallas y atender cuestiones de ciberseguridad.
“Se extinguen tareas, se renuevan tareas y la lógica de trabajo se expande”, resumió Corvalán. Según explicó, proyectar cuántos empleos se perderán a partir de las tareas actuales deja fuera de la cuenta funciones nuevas que todavía no se conocen.
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El control de los sistemas más autónomos
Corvalán distinguió las herramientas que ya utilizan personas y pequeñas empresas de los sistemas de IA más autónomos que se desarrollan en grandes laboratorios. Su preocupación aumenta cuando estos últimos tienen capacidad de actuar sobre ámbitos sensibles, como redes de energía o laboratorios de biotecnología.
También cuestionó la posición de empresas tecnológicas que promocionan sistemas cada vez más capaces mientras piden que los Estados establezcan límites. A su juicio, la competencia comercial y la carrera entre países dificultan que las propias compañías reduzcan por sí solas la velocidad de desarrollo.
Esa discusión será parte del encuentro “Sabiduría y Dignidad en tiempos de la IA”, previsto para el 15 y 16 de octubre con la participación de la Facultad de Derecho de la UBA, la Conferencia Episcopal Argentina y la Academia Vaticana de Ciencias Sociales.
Pensar, escuchar y decidir
Otro punto que planteó Corvalán es la relación cotidiana con los asistentes conversacionales. Advirtió que muchas personas los tratan como si fueran humanos y recurren a ellos incluso para hablar de problemas personales. A ese riesgo de delegar cada vez más procesos de pensamiento lo llamó “sedentarismo cognitivo masivo”.
El especialista propuso prestar especial atención al uso que hacen niños y adolescentes, y a la manera en que estas herramientas responden cuando una persona busca orientación o contención. La rapidez para producir una respuesta, señaló, no reemplaza por sí misma la comprensión de una situación.
Para explicar el lugar que puede conservar el trabajo humano, puso como ejemplo la atención a una víctima que llega a realizar una denuncia. La tecnología podría completar después un formulario y agilizar el trámite. En ese primer encuentro, sostuvo Corvalán, la persona necesita algo más: “Lo que quiere es que la escuches, que la atiendas, que la abraces, que la contengas”.

