Con una técnica única en el país
El laboratorio rosarino que ya puede diagnosticar casos de celiaquía de diagnóstico complejo
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El Laboratorio Mixto de Enfermedad Celíaca del Hospital Centenario logró aplicar una herramienta diagnóstica inédita en Argentina para casos que no presentan síntomas intestinales clásicos. Detrás del avance hay más de seis años de investigación, articulación entre hospital escuela, universidad y laboratorio público, y una defensa explícita de la ciencia sostenida por el Estado.
Agustín Aranda
Muchas personas conviven durante años con inflamaciones persistentes, anemias, infertilidad o trastornos óseos sin imaginar que detrás de esos cuadros puede haber una enfermedad celíaca. No presentan diarreas, dolor abdominal severo ni los síntomas “tradicionales” asociados históricamente a la patología. Pero la inflamación y el daño continúa.
En Argentina, datos difundidos por la Agencia Santafesina de Seguridad Alimentaria de Santa Fe (Assal) indican una prevalencia aproximada de un caso cada 80 niños y uno cada 167 adultos, con mayor incidencia en mujeres.

Laboratorio Mixto de Enfermedad Celíaca (LMEC) del Hospital Centenario
Por eso, en Rosario, el equipo del Laboratorio Mixto de Enfermedad Celíaca (LMEC) del Hospital Centenario desarrolló durante más de 4 años una técnica que permite diagnosticar justamente esos casos complejos, incluso en personas que ya comenzaron una dieta sin gluten y cuyos estudios tradicionales no arrojan resultados concluyentes.
En dos años ya completaron 80 diagnósticos, primero en adultos y luego también en infancias.
“Este tipo de celiaquía es la más frecuente hoy a nivel poblacional. Es la extraintestinal, la que no tiene los cuadros digestivos evidentes”, explica Fabián Pelusa, director del laboratorio a El Litoral y completa: “Son personas que no tenían los síntomas intestinales más claros, pero sí las consecuencias de la enfermedad trabajando en sus cuerpos”.
El desarrollo de la técnica, llamada linfograma intraepitelial, se sostiene sobre una combinación que grita “salud pública”: investigación básica acumulada durante años, trabajo clínico cotidiano y una estructura de articulación entre la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario, el Hospital Provincial del Centenario y el Hospital de Niños Víctor J. Vilela.
“Es un ejemplo muy concreto de por qué el apoyo sostenido del Estado a la ciencia termina mejorándole la vida a las personas”, sostiene Pelusa.
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Una inflamación silenciosa
Siempre según explicaron desde el laboratorio rosarino, el problema de las formas extraintestinales es que muchas veces avanzan sin señales digestivas evidentes. La enfermedad sigue activa y genera un proceso inflamatorio sostenido que puede derivar en complicaciones severas.
“Una persona puede sufrir infertilidad, trastornos del metabolismo óseo o anemias y no sospechar nunca que es celíaca”, describe Pelusa y agrega: “El gran riesgo de convivir con la enfermedad sin diagnóstico es sostener durante años un proceso inflamatorio constante que puede derivar en enfermedades graves e incluso mortales”.

Fabián Pelusa, director del laboratorio.
Por eso la técnica rosarina apunta justamente a esos perfiles dudosos. “La herramienta le entrega al gastroenterólogo una forma segura de llegar a diagnósticos complejos”, resume el investigador y apunta a la importancia en clínica.
“A veces parece sencillo decirle a alguien que deje el gluten ante la duda, pero no es una decisión fácil ni rápida. Hacerlo sin un diagnóstico certero también es un problema”, señala Pelusa.
Cómo funciona la técnica
El procedimiento comienza con una videoendoscopía digestiva alta convencional. Durante el estudio se obtiene una muestra del intestino delgado que luego debe ser tratada rápidamente.
Esa pieza se aísla en un medio de cultivo para mantenerla activa durante unas dos horas. Allí pueden aislar un tipo específico de célula y determinar si corresponde o no a la enfermedad celíaca. El núcleo del trabajo está en el análisis de células inmunológicas del intestino delgado, particularmente linfocitos vinculados a la respuesta inflamatoria al gluten.
“No inventamos la radio”, aclara el director del LMEC. “Trabajamos sobre investigaciones previas y sobre muchos años de ciencia básica desarrollada por distintos grupos”, dice Pelusa y explica que el origen de la técnica comenzó durante su doctorado en España, donde tomó contacto con equipos que investigaban el sistema inmune intestinal.
A partir de allí, y junto a otros investigadores, el grupo rosarino logró adaptar y profundizar esos desarrollos hasta convertirlos en una herramienta diagnóstica concreta.
“Con mucho trabajo pudimos aislar grandes cantidades de células para que una sola muestra permita saber con certeza si una persona es o no celíaca”, detalla el investigador, que como la mayoría de su equipo de trabajo no tienen la enfermedad de celiaquía, pero mantienen de cerca el contacto con las dificultades de vivir con ella gracias a la Asociación Celíaca Argentina en Rosario (Acela).
El desafío técnico también exige una coordinación compleja entre médicos endoscopistas, hospital, laboratorio y facultad. La muestra debe llegar rápidamente y mantenerse viable para el procesamiento celular.
“Necesita mucha articulación y eso lo podemos lograr justamente porque estamos en un contexto integrado de hospital escuela, universidad pública y laboratorio”, explica y apunta al debate actual del financiamiento a las universidades públicas y la salud pública.
Y es que, aunque la técnica se aplica clínicamente desde hace casi dos años, detrás hubo más de seis años de investigación específica y décadas de acumulación científica previa.
“Primero está la ciencia básica, que muchas veces parece lejana de la vida cotidiana. Después aparece la aplicación clínica. Sostener una idea durante tantos años requiere subsidios, carreras de investigación y financiamiento constante”, dice Pelusa.
“En este contexto político, donde pareciera que todo lo privado va a reemplazar lo que hace el Estado, es importante mostrar experiencias como esta.
En ciencia y salud, muchas veces el sector privado aparece al final del proceso, cuando ya existe un desarrollo consolidado”, dice Pelusa y completa: “Todo el trabajo previo, el riesgo de sostener investigaciones durante años sin resultados inmediatos, lo hace históricamente el Estado. Desfinanciar eso significa perder herramientas concretas que después terminan mejorando la vida de las personas”.
Gracias a esa estructura hoy reciben tanto pacientes adultos que llegan al Centenario como derivaciones pediátricas del Vilela y de otros centros médicos. “Hace treinta años una herramienta así era impensada. Hoy podemos darle al profesional una respuesta concreta para casos que antes quedaban en zonas grises”, concluye Pelusa.
Más gluten y más diagnósticos
Como yapa, Pelusa también menciona otro fenómeno que distintos estudios vienen observando: los cambios en la producción industrial de harinas. “La industrialización generó requerimientos vinculados a mejorar la calidad del panificado y eso hizo que las harinas tengan más gluten que a comienzos del siglo XX”, explica, en referencia a investigaciones publicadas años atrás por el INTA.
Y es que aunque la enfermedad tiene base genética, el aumento de exposición y las modificaciones alimentarias aparecen como parte del contexto que vuelve cada vez más frecuente el diagnóstico.
El laboratorio recibe consultas y derivaciones médicas para evaluación diagnóstica. Quienes deseen contactarse deben escribir al correo [email protected] o llamar al (0341) 448-2600 interno 2235. Para más información sobre el laboratorio o la enfermedad pueden explorar el sitio web.

