Nueva inversión provincial
El Verdi inicia su recuperación tras décadas de postergaciones
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La apertura de sobres para la primera etapa de obras marca un punto de inflexión en la vida del histórico Cine Teatro de calle Belgrano al 300. La novedad se confirma luego de largos años atravesados por crisis económicas, proyectos frustrados, amenazas de venta y etapas de abandono que pusieron en riesgo uno de los símbolos culturales más importantes de Venado Tuerto.
El Cine Teatro Giuseppe Verdi de Venado Tuerto avanzó en su recuperación con la apertura de sobres de la licitación pública para la primera etapa de obras, financiada por la Provincia de Santa Fe. La convocatoria contó con la presentación de siete ofertas de empresas interesadas en ejecutar los trabajos, que tienen un presupuesto oficial superior a los $1.500 millones y un plazo de ejecución de 360 días.
La intervención inicial estará centrada en resolver problemas estructurales del edificio, incluyendo reparación de grietas, refuerzo de cimientos, renovación de techos y mejoras en instalaciones de agua, desagües y seguridad contra incendios. También se adecuarán sectores vinculados al funcionamiento escénico y la accesibilidad.
En la ceremonia realizada el último viernes estuvieron el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico; la ministra de Cultura, Susana Rueda; el intendente Leonel Chiarella; la senadora Leticia Di Gregorio y los diputados provinciales Rosana Bellatti y Leonardo Calaianov, entre otras autoridades locales, regionales y provinciales.
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En paralelo, se lanzó una campaña para reunir aportes privados y comunitarios destinados a completar la restauración integral del histórico teatro. La segunda etapa contempla climatización, restauración interior, nuevas butacas, equipamiento de sonido y proyección, iluminación y mejoras generales.
Durante el acto, autoridades provinciales, municipales y de la Asociación Italiana destacaron la importancia cultural e histórica del Verdi, un espacio emblemático de Venado Tuerto donde incluso se presentó el mítico cantante Carlos Gardel en 1933.
El Cine Teatro Verdi, emblema cultural de Venado Tuerto, constituye uno de los símbolos más importantes de la ciudad. Su origen está ligado a la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, fundada por inmigrantes que promovieron desde fines del siglo XIX espacios de educación, cultura y asistencia social.
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Con el paso del tiempo, la institución consolidó su prestigio y el Verdi, desde enero de 1930, se transformó en un espacio central de la vida artística y social venadense, albergando funciones teatrales, cinematográficas, conciertos y celebraciones comunitarias durante generaciones. Sin dudas, el edificio terminó convirtiéndose en mucho más que una sala de espectáculos: pasó a formar parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Cierre en los 80 y crisis de la Asociación Italiana
Con etapas de mayor y menor brillo, las actividades artísticas se extendieron por más de medio siglo, hasta que Enrique Cococcioni confirmó que la del 31 de agosto de 1980 había sido la última función y que el Cine Teatro Verdi cerraba en forma definitiva.
La medida, según explicó el directivo, obedeció a la crisis económica reinante, que estaba haciendo estragos en la industria cinematográfica, como lo demostraba el quebranto de numerosas salas de cines del interior del país.
Con su emblemática sala desactivada, la Asociación Italiana, propietaria de la sala de Belgrano al 300, impulsó a comienzos de los años 90 un ambicioso proceso de expansión económica que incluyó proyectos inmobiliarios, créditos, planes de vivienda y nuevas estructuras educativas.
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Aquella política derivó en un fuerte desequilibrio financiero que afectó gravemente a toda la institución y puso en mayor riesgo aún al propio Cine Teatro Verdi, que ya mostraba un importante deterioro edilicio ante la parálisis.
La situación se agravó con los problemas del Departamento de Ayuda Económica Mutual, el emprendimiento habitacional “Las Mojarras” y otras iniciativas deficitarias de ribetes escandalosos que terminaron comprometiendo seriamente el patrimonio institucional.
En medio de tantas malas noticias, a comienzos de 1992, Galpón del Arte lanzó el ciclo teatral “Dando vida a viejos sueños”, basado en la venta de abonos para adquirir la sala que alquilaba en Chacabuco 1081. Entre los notables artistas que se sumaron con generosidad a la iniciativa se destacó el gran Alfredo Alcón, quien el 24 de marzo de ese año presentó el laureado unipersonal “Los Caminos de Federico”, de Federico García Lorca, ante una sala colmada.
En una inolvidable noche lluviosa, el mítico Verdi reabrió sus puertas exclusivamente para albergar cientos de espectadores. Contrarreloj, una docena de integrantes de Galpón del Arte trabajó durante largas horas hasta dejar la sala reluciente, como en sus años de mayor esplendor.
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Alcón, emocionado al conocer el teatro de impronta italiana, graficó en la tarde previa a la función, mientras recorría el pasillo central: “Es realmente hermoso, me lo llevaría para ponerlo en mi mesita de luz”. Sin embargo, apagadas las luces, acalladas las voces, terminados los aplausos, la dejadez volvió a apoderarse de la histórica sala.
El salvataje frustrado del BID en los años 90
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En medio de la crisis surgió una alternativa impulsada por el Banco Integrado Departamental (BID), que había creado una fundación con el objetivo de promover actividades culturales y educativas en la ciudad.
A fines de julio de 1993 se firmó un convenio entre la Fundación del BID y la Asociación Italiana para que la entidad asumiera la gestión del Verdi durante varios años, incluyendo tareas de remodelación y la puesta en marcha de un ambicioso proyecto cultural.
La propuesta contemplaba actividades artísticas, educativas y formativas, con proyecciones cinematográficas semanales como primer paso para recuperar la sala. También se proyectaba el trabajo con establecimientos educativos para acercar a los alumnos al lenguaje cinematográfico y nuevas experiencias culturales.
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El acuerdo incluía, además, el pago de un canon mensual a la Asociación Italiana y obras de refacción en el edificio. La institución recibió un adelanto equivalente a un año de alquiler, dinero que permitió afrontar urgencias económicas y avanzar en algunas obras pendientes. Paralelamente, se gestionaban nuevos créditos para completar reformas edilicias y ampliar el Colegio Dante Alighieri.
Pero el derrumbe del Banco Integrado Departamental (BID), en abril de 1995, terminó haciendo colapsar todo el proyecto. La caída de la entidad financiera dejó al Cine Teatro Verdi en una situación todavía más delicada: el edificio quedó parcialmente desmantelado, con obras inconclusas, equipamiento removido y sin recursos para continuar su recuperación.
A partir de entonces, el Verdi quedó atrapado en un escenario de total incertidumbre, sin posibilidades reales de iniciar un proceso sostenido de restauración durante largos años. La preocupación comenzó a extenderse por toda la comunidad venadense, que veía cómo uno de sus espacios culturales más emblemáticos se deterioraba día tras día.
Venta del teatro, una opción que nadie desmentía
La crisis continuó profundizándose y en marzo de 1996 volvió a instalarse públicamente la preocupación por el futuro del edificio. En la sede de la Asociación Italiana se realizó una reunión de la que participaron funcionarios municipales, concejales, representantes del Colegio de Arquitectos y referentes culturales locales.
Allí se discutió abiertamente la posibilidad de desprenderse del inmueble ante la imposibilidad económica de sostenerlo. Las autoridades de la Italiana explicaron las razones que las llevaban a evaluar la venta o cesión del teatro, aunque insistieron en la necesidad de preservar el destino cultural para el cual había sido construido.
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La reunión dejó en evidencia que el problema seguía completamente irresuelto y que el Verdi continuaba amenazado por las deudas y el abandono. Al mismo tiempo, comenzó a consolidarse una fuerte reacción de distintos sectores de la comunidad, que advertían que la desaparición del teatro significaría una pérdida irreparable para la identidad cultural venadense.
Poco después, la crisis institucional de la Asociación Italiana alcanzó uno de sus momentos más tensos en la asamblea del 30 de abril de 1999, cuando más de un centenar de asociados -en su mayoría padres y docentes vinculados al Colegio Dante Alighieri- participaron preocupados por el agravamiento de la situación económica y patrimonial de la entidad.
En aquella asamblea quedaron expuestos cuatro grandes temas que resumían el colapso institucional de esos años: la delicada situación financiera del Departamento de Ayuda Económica Mutual, el fracaso del complejo habitacional “Las Mojarras”, la continuidad del Colegio Dante Alighieri y el futuro del Cine Teatro Verdi.
Sin embargo, la preocupación central de los asistentes estaba puesta especialmente en el colegio y en el Verdi, considerados los patrimonios educativos y culturales más importantes de la institución. Ambos aparecían amenazados por el peso de las deudas acumuladas y por la falta de definiciones claras respecto del rumbo institucional.
El caso del Verdi ocupaba un lugar particularmente sensible. A seis años del acuerdo firmado con la Fundación del BID para intentar recuperar la sala, el teatro seguía desmantelado, sin actividad y sin perspectivas concretas de restauración. Muchos socios temían que el histórico edificio pudiera terminar vendido, rematado o destinado a otros fines ajenos a la actividad cultural para la que había sido concebido por la colectividad italiana (desde un supermercado hasta un templo religioso, entre otras versiones).
La asamblea se desarrolló en un clima de tensión y la cantidad de asistentes obligó incluso a trasladar la reunión al jardín de infantes lindero, mientras crecían los cuestionamientos hacia la conducción institucional por la falta de balances claros, las dificultades para acceder a documentación y la ausencia de precisiones sobre la verdadera magnitud de la crisis.
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La decisión de “lavarle la cara” al viejo teatro
A fines de julio de 1999, ante el deterioro visible de la fachada y los daños provocados por pegatinas de afiches y el abandono general, representantes de la Comisión de Preservación del Patrimonio Arquitectónico, de la Agrupación Piemontesa y de la sección Maestranza de la Municipalidad impulsaron una jornada de limpieza del frente y el hall del teatro.
En esos días se señalaba que el frente y el techo eran prácticamente lo único que podía mantenerse en condiciones medianamente dignas. Mientras el interior seguía desmantelado y sin actividad, vecinos e instituciones intentaban al menos preservar la imagen exterior de uno de los edificios más caracterizados de la Esmeralda del Sur.
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Un cambio de manos que se mantiene hasta hoy
Ya en enero de 2011, la Asociación Italiana retomó el control del histórico teatro Verdi, que desde hacía unos cuanto años era utilizado por el municipio para talleres y actividades culturales, como tango, folclore, teatro y fotografía.
El convenio firmado en 2003 ya había vencido y, según la Dirección de Cultura, no se había avanzado en una renovación, mientras que la entidad buscaba desarrollar su propio proyecto para el desmantelado edificio.
Desde la institución señalaron en ese entonces que la situación legal y económica del teatro estaba encaminada y anunciaron planes de obras a largo plazo, incluyendo el reciclado del hall central y nuevas propuestas culturales abiertas a artistas locales.
Mientras tanto, las actividades municipales fueron trasladadas al primer piso de la Terminal de Ómnibus “Arturo H. Illia”.
En los últimos años, el Verdi se sostuvo en pie con diversas actividades, como actos escolares y talleres musicales, además de quehaceres administrativos, pero lejos de los propósitos más ambiciosos de otros tiempos, ante las irresueltas falencias estructurales.
Ahora, la Provincia y el Municipio dieron el primer paso con obras esenciales para que luego la comunidad complete las tareas pendientes y se haga justicia con el Cine Teatro Verdi, un símbolo cultural que prácticamente nació junto con la ciudad, y necesitaba del espaldarazo de las políticas públicas para salir del ostracismo y volver a brillar.

