A punto de cumplirse 36 años
Falleció el Indio Solari, el recuerdo de su paso por Venado Tuerto
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En el día de la muerte de Carlos “Indio” Solari, la ciudad vuelve a mirar hacia aquel 8 de julio de 1990, cuando Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota tocó en el Club Jorge Newbery, el mismo domingo en que Argentina perdió la final del Mundial de Italia ante Alemania. Walter Carugno, organizador de aquel show, reconstruyó una historia que todavía conserva el aura de mito.
La muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari, una de las voces más influyentes del rock argentino, generó conmoción en todo el país y también reavivó en Venado Tuerto un recuerdo que forma parte de la memoria cultural de la ciudad: la visita de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota el 8 de julio de 1990, cuando la banda se presentó en el gimnasio del Club Jorge Newbery. Solari falleció este viernes 5 de junio, a los 77 años, en su casa de Parque Leloir.
Aquel recital tuvo una particularidad que lo volvió todavía más inolvidable: se realizó el mismo día en que la Selección Argentina perdió la final del Mundial de Italia 1990 frente a Alemania. Fue, como recordó Walter Carugno, una jornada “horrible, lluviosa, triste”, atravesada por la bronca futbolera de una derrota mundialista y, al mismo tiempo, por la intensidad de una noche de rock que con los años se transformó en leyenda local.
Carugno tenía apenas 21 años cuando decidió intentar lo que en aquel momento parecía casi imposible: traer a Los Redondos a Venado Tuerto. La banda venía de presentarse el día anterior en Rosario, en el Club Sportivo América, con la producción de gente vinculada a esa ciudad. “Se me ocurrió contactarme con quienes producían ese show. Les dije que podía conseguir el lugar, hacer la producción comercial y la publicidad. No quería un peso, simplemente era un gusto personal”, recordó.
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Una banda en pleno despegue
El contexto también ayuda a dimensionar el valor de aquella fecha. Los Redondos estaban presentando “¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado”, disco que había sido editado poco antes y que marcaba una etapa de crecimiento para la banda. Todavía no se trataba del fenómeno masivo que años después llenaría estadios y movería multitudes por todo el país, pero ya cargaba con una mística muy particular.
Carugno explicó que, en aquel momento, la banda tocaba en pocos lugares: algunos espacios de Buenos Aires, La Plata, Santa Fe, Rosario y contadas ciudades más. Además, mantenía una política de mínima exposición mediática. “En el año 90, si no salías en televisión o en radio, prácticamente no existías. No había internet, no había forma de bajar discos ni ver videos. Todo era boca a boca”, señaló.
Por eso, que Los Redondos llegaran a Venado Tuerto tenía un valor singular. No era solo un recital: era la posibilidad de ver en vivo a una banda de culto, en una ciudad donde la movida rockera todavía tenía un desarrollo mucho más limitado que en la actualidad.
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Un show para 500 personas
El show se realizó en el gimnasio del Club Jorge Newbery, un espacio que Carugno recordó como amplio, aunque ya inexistente en las condiciones de aquella época. Sobre la cantidad de público, aclaró que con el paso del tiempo aparecieron distintas versiones, algunas exageradas y otras que minimizaban lo ocurrido.
“Algunos dicen que fueron diez, otros que fueron mil, otros que fue un fracaso. Yo creo que habrá habido entre 400 y 500 personas seguro”, estimó. Según recordó, llegó gente de Venado Tuerto, de Firmat, de otras localidades cercanas y también seguidores que venían de Buenos Aires acompañando a la banda.
El clima previo no fue sencillo. Había llovido, la ciudad venía golpeada por la derrota de Argentina en la final del Mundial y el show se desarrolló en un contexto completamente artesanal, lejos de las grandes producciones que años después rodearían a la banda.
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La llegada
Una de las anécdotas más recordadas por Carugno fue la llegada de los músicos a la ciudad. Los Redondos arribaron desde Rosario cerca del mediodía, en un colectivo, hicieron la prueba de sonido por la tarde y no tenían hotel reservado. La idea original era tocar y retirarse, pero entre una cosa y otra surgió la necesidad de que pudieran descansar, comer algo y prepararse antes del show.
Ante esa situación, Carugno ofreció el departamento de sus padres, ubicado en Balcarce y Marconi, frente al Hotel Salta. “No había hotel pactado. Había que llevarlos a algún lado para que estuvieran cómodos, se bañaran, comieran algo y descansaran. Terminaron yendo al departamento de mis viejos”, contó.
La escena, reconstruida con el paso del tiempo, parece salida de una película: integrantes de una de las bandas más emblemáticas del rock argentino compartiendo un departamento de dos ambientes en Venado Tuerto, mirando televisión abierta con repetidora, comiendo pizza y armando la lista de temas antes de salir hacia Newbery.
Carugno recordó que salió caminando bajo la lluvia junto a Skay Beilinson y Sergio Dawi hasta una pizzería llamada Nuevo Horizonte, que funcionaba frente a la Municipalidad. Compraron pizzas, volvieron al departamento y allí se produjo una postal íntima de la banda antes del show. Según relató, Walter Sidotti y Semilla Bucciarelli descansaban en una habitación, Poli y Skay estaban en otra, mientras el Indio se movía por el departamento con la adrenalina previa al recital.
“El Indio correteaba por todo el departamento. Ya le había agarrado la adrenalina previa al show. Era como verlo ensayar ese giro tan suyo”, recordó Carugno.
El ritual del guaraná
Entre los recuerdos más pintorescos apareció un detalle que Carugno nunca olvidó: el ritual previo con guaraná en polvo. Según relató, en un momento le pidieron calentar agua y vio que sacaban un frasco de vidrio. “No sabía qué era. Era guaraná en polvo. Se tomaban una taza antes de cada show para energizarse. En realidad, no hacía falta, porque ya estaban energizados hacía rato, pero era un ritual de ellos”, contó.
La salida hacia el club también tuvo su cuota de improvisación. Como el colectivo no podía ingresar hasta el departamento, Carugno llamó a amigos para trasladar a los músicos. Así, algunos integrantes de Los Redondos terminaron yendo al Club Jorge Newbery en autos particulares: un Renault 4L y un Dodge 1500.
“Imaginate a Los Redondos bajando del departamento y yendo a Newbery en un 4L y un Dodge 1500”, recordó entre risas. Ingresaron por un lateral del club, por un pasillo que conducía hacia el escenario, y minutos después comenzó una noche que muchos venadenses todavía recuerdan como un acontecimiento irrepetible.
“El show fue infernal”
Carugno aseguró que el recital duró más de dos horas y que la energía fue impactante. Incluso recordó que en un momento se produjo la caída de una tribuna, producto del movimiento y la intensidad del público. “El show fue infernal. Fueron más de dos horas, pero se me pasó volando”, relató.
Terminada la presentación, el organizador subió al escenario, saludó a los músicos y se fue caminando hasta un bar donde trabajaba por entonces, ubicado en calle Rivadavia, antes de llegar a San Martín. La sensación, contó, fue difícil de explicar: “Me fui con eso en la cabeza, como diciendo: ¿lo viví o fue mentira?”.
Una fecha inolvidable
A más de tres décadas de aquel recital, la visita de Los Redondos a Venado Tuerto conserva un lugar especial en la memoria de quienes estuvieron ahí y también en la historia cultural de la ciudad. Ocurrió antes de que la banda explotara definitivamente como fenómeno de masas, antes de que sus recitales se convirtieran en peregrinaciones multitudinarias y antes de que el Indio Solari quedara instalado como una figura central de la música popular argentina.
El 8 de julio de 1990 fue, para Venado Tuerto, una mezcla de derrota mundialista, lluvia, juventud, improvisación y rock. Un día en el que la Selección perdió una final, pero la ciudad ganó una historia que todavía se cuenta.
Hoy, con la muerte del Indio Solari, aquel episodio vuelve a tomar fuerza. No solo como anécdota ricotera, sino como testimonio de una época en la que todo parecía más difícil, más artesanal y, quizás por eso mismo, más inolvidable.

