Oportunidad de anticipación
Gripe A: qué enseñó el brote en Europa y por qué Argentina debe anticiparse al invierno
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Expertos advierten que la experiencia del hemisferio norte muestra la necesidad de planificar con tiempo la capacidad hospitalaria, el diagnóstico y el abastecimiento de insumos para evitar tensiones en el sistema de salud durante la próxima temporada de influenza.
La temporada de influenza que atraviesa el hemisferio norte encendió señales de atención para los sistemas sanitarios de América Latina.
En Europa, el inicio temprano de la circulación del virus de la gripe A (H3N2), en particular de un subclado con cambios genéticos menores, generó un aumento sostenido de consultas, internaciones y demanda de cuidados críticos, sobre todo en adultos mayores.
Ese escenario, observado de cerca por organismos internacionales y especialistas, funciona hoy como una advertencia para Argentina, que se encamina hacia el invierno.
Según reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la actividad de las enfermedades respiratorias en la región europea mostró una circulación intensa de influenza A (H3N2), combinada con otros virus estacionales.
Si bien no se trata de una cepa “más grave” en términos intrínsecos, el impacto se explica por el perfil de la población afectada y por la simultaneidad de patógenos respiratorios, un factor que tiende a saturar rápidamente la capacidad asistencial.
La clave es utilizar la información del hemisferio norte como una ventana de tiempo para ajustar procesos.
Desde el sector de la provisión tecnológica y la gestión sanitaria, la experiencia europea es leída como una oportunidad de anticipación. “La lección central es que la preparación no puede ser reactiva: la presión asistencial puede escalar en pocas semanas”, coinciden especialistas que analizan la evolución del brote.
La clave, sostienen, es utilizar la información del hemisferio norte como una ventana de tiempo para ajustar procesos, reforzar insumos y planificar la respuesta antes de que aumente la demanda local.
Planificar el invierno argentino
La circulación de H3N2 en Europa no solo sirve como alerta epidemiológica, sino también como guía operativa. En un mundo interconectado, la introducción de virus por viajes internacionales es una posibilidad concreta, pero aun sin ese factor, los patrones estacionales suelen repetirse con algunos meses de diferencia entre hemisferios.
“Latinoamérica debería usar esta información como una ventana de anticipación operativa y de abastecimiento”, explica Tomás Piqueras, CEO de CSH, una compañía especializada en servicios y equipamiento para la salud.
Aumento sostenido de consultas e internaciones.
En su análisis, el impacto local puede darse tanto por la llegada temprana de casos como por la necesidad de adecuar las capacidades de guardias, salas de internación y unidades de terapia intensiva.
Históricamente, las temporadas con predominio de H3N2 tienen una mayor incidencia en personas mayores de 65 años y en pacientes con enfermedades crónicas. Esto modifica el tipo de respuesta que deben dar los hospitales.
“La demanda se desplaza desde el equipamiento de rutina hacia el monitoreo multiparamétrico escalable, sistemas de oxígeno y humidificación, ventilación no invasiva e invasiva, consumibles respiratorios, bombas de infusión y logística de camas de cuidados críticos”, detallan desde el sector.
Y aclaran: “Esto no implica que el virus sea más severo por sí mismo, sino que el perfil de riesgo poblacional eleva la necesidad de soporte y vigilancia clínica”.
Infraestructura e insumos
Uno de los aprendizajes más claros que dejó el brote europeo es que las debilidades del sistema no siempre están en la falta de grandes equipos, sino en los eslabones menos visibles de la cadena asistencial.
En Argentina, señalan especialistas, las carencias suelen aparecer en los insumos operativos y en la capacidad de sostener una respuesta prolongada.
Las brechas más frecuentes se detectan en la cantidad de monitores y módulos, la conectividad y las centrales de monitoreo, la disponibilidad de ventilación no invasiva y, sobre todo, en los consumibles y el mantenimiento necesarios para cubrir turnos extendidos durante picos de demanda.
“Tener un respirador no alcanza si no hay filtros, circuitos, repuestos y personal entrenado para usarlo de forma continua”, sintetizan.
Otro aspecto clave es el diagnóstico. Con la convivencia de influenza, COVID-19 y otros virus respiratorios como el virus sincicial respiratorio (VSR), el diagnóstico diferencial se vuelve central para definir conductas clínicas y optimizar recursos.
La tendencia, explican los expertos, es migrar desde pruebas de un solo objetivo hacia diagnósticos sindrómicos o multiplex.
Esto incluye el uso de tests rápidos combinados —que detectan influenza A/B y SARS-CoV-2, y en algunos casos RSV— y, en el ámbito de laboratorio, la implementación de RT-PCR multiplex o paneles respiratorios.
Esta estrategia permite identificar rápidamente el agente causal, reducir internaciones innecesarias y orientar mejor el uso de antivirales, antibióticos y medidas de aislamiento.
Gestión de suministros y el rol del Estado
La experiencia internacional también puso en evidencia que la escasez de insumos suele aparecer cuando las compras se hacen de manera tardía o fragmentada.
Para evitar tensiones hacia mediados de año, especialistas proponen mecanismos de contratación específicos y previsibles: acuerdos marco plurianuales con proveedores, mecanismos de compra ágil con estandarización técnica y la conformación de reservas estratégicas que incluyan no solo stock, sino también capacidad logística y repuestos.
Desde el sector privado, muchas empresas trabajan con pronósticos por escenarios y contratos de doble abastecimiento para asegurar insumos críticos como filtros y circuitos de ventilación.
“Para que una institución sea resiliente, lo no negociable es un protocolo integral de capacidad respiratoria escalable: triage estandarizado, monitoreo temprano, disponibilidad de oxigenoterapia y ventilación, y una cadena de consumibles asegurada”, sostiene Piqueras.
En este punto, el rol del Estado resulta clave como articulador entre los distintos niveles del sistema. La planificación anticipada, la interoperabilidad de datos, la vigilancia integrada y los acuerdos previos entre el sector público y privado pueden marcar la diferencia entre una respuesta ordenada y un escenario de saturación.

