Análisis económico
José Toledo: "Argentina va a terminar el año dejando de caer"
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El analista evaluó el impacto del aumento de combustibles, el peso de los servicios en la inflación, el atraso salarial y las perspectivas para el segundo semestre. Advirtió que la economía muestra sectores con fuerte crecimiento y otros muy golpeados por la caída del consumo interno.
La economía argentina transita una etapa de fuertes tensiones, atravesada por una inflación que comenzó a mostrar señales de desaceleración, pero después de un costo social y financiero muy alto. Así lo planteó, desde Venado Tuerto, el CPN José Toledo, analista de temas económicos, al repasar los factores que explican el escenario actual y las perspectivas para los próximos meses.
Uno de los elementos que más incidió en el último tramo fue el aumento de los combustibles. Según indicó, ese incremento impactó de manera directa sobre los fletes y terminó trasladándose a los precios. “Hubo un fogonazo que pegó muy fuerte en la inflación”, describió.
Sin embargo, advirtió que no todo puede explicarse por factores externos o por el encarecimiento de determinados insumos. “No le echemos la culpa solamente a los factores exógenos, porque también hubo factores internos que hicieron que la inflación se incentivara bastante”, señaló.
Un índice desactualizado y el peso real de los servicios
En ese punto, el contador puso el foco en la discusión pendiente sobre la actualización del índice de precios. Recordó que meses atrás se había anunciado la implementación de una nueva medición, pero finalmente el cambio quedó postergado y el tema se corrió de la agenda pública. Para Toledo, esa decisión no fue casual: “Ese índice no salió porque en ese momento no le convenía al gobierno”.
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El analista explicó que el nuevo esquema de medición le otorgaría un peso mucho mayor a los servicios, un rubro que en los últimos años pasó a ocupar un lugar central en el gasto cotidiano de las familias. Internet, telefonía celular, plataformas de streaming y otros consumos similares forman hoy parte de la estructura básica de muchos hogares, además del encarecimiento de servicios como luz, agua y gas, pero no tienen en la medición actual la incidencia que realmente representan.
“La inflación se mide con una base de casi 30 años atrás. Para graficar lo desactualizada que está, todavía aparecen rubros como VHS o casetes, y no figura Netflix; como también se mide el consumo de telefonía fija -ya en extinción- y no de telefonía celular”, ejemplificó.
Según Toledo, esa distorsión impide reflejar con precisión cómo se distribuye actualmente el gasto familiar. Los servicios, que en muchos casos aumentaron por encima de otros rubros, quedaron subrepresentados en el índice vigente. Por eso consideró que la actualización estadística sigue siendo una deuda pendiente, aunque reconoció que la inflación comenzaría a mostrar una tendencia descendente en los próximos meses.
Baja de inflación, pero con un costo alto
En relación con el dato que se conocerá este jueves a la tarde, José Toledo anticipó que podría situarse en torno al 2 por ciento mensual, tomando como referencia también el índice de la Ciudad de Buenos Aires, que se ubicó en 2,1 por ciento. “La inflación va a la baja”, afirmó, aunque enseguida marcó una diferencia entre lograr una desaceleración de precios y evaluar el costo que tuvo esa estrategia.
“Para mí, el costo que tuvimos que pagar fue demasiado alto. El gobierno priorizó una baja de inflación a costa de secar la plaza”, sostuvo.
Con esa expresión, el asesor de pymes y comunas se refirió a la política de tasas de interés elevadas y a la contracción de la liquidez en la economía. Recordó que, hasta hace poco tiempo, las tasas alcanzaron niveles muy altos con el objetivo de evitar una mayor presión sobre los precios. Esa decisión, según su análisis, contribuyó a frenar parte de la dinámica inflacionaria, pero también golpeó el crédito, el consumo y la actividad de empresas y familias.
El salario como ancla
A ese cuadro se sumó el uso del salario como ancla y, en este sentido, Toledo remarcó que la pérdida de poder adquisitivo no fue consecuencia exclusiva de una decisión del Gobierno nacional, sino de una práctica que, según dijo, se repitió en distintos niveles del Estado.
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En ese contexto, el contador consideró que la baja de inflación podría abrir una etapa de leve recomposición del salario real durante los próximos cuatro meses. Sin embargo, aclaró que esa mejora no alcanzaría para revertir el deterioro acumulado.
“Van a aumentar un poquito más que la inflación porque van a reconocer lo que pasó, pero van a recuperar tarde lo que ya perdieron. Los trabajadores van a sentir un pequeño alivio, aunque eso no va a cambiar demasiado la situación del salario real”, explicó.
Toledo fue más allá y planteó que difícilmente en 2026 el salario logre ganarle claramente a la inflación. Para el analista, la recuperación llegará con demora y sobre una base muy deteriorada. Por eso, aun cuando los próximos meses puedan mostrar mejores indicadores, el impacto en la vida cotidiana será limitado.
Mora financiera y familias con menos margen
Uno de los síntomas más claros de ese deterioro aparece en el salario disponible, es decir, en el dinero que queda una vez pagados los gastos fijos, servicios, alquileres y compromisos financieros. Toledo vinculó ese fenómeno con el fuerte aumento de la mora en bancos, tarjetas de crédito, préstamos personales, casas de electrodomésticos y otros circuitos de financiamiento formal e informal.
“Todo lo que es financiero tiene una mora muy importante”, remarcó.
Para el contador, esa situación responde a dos causas principales: el fuerte incremento de las tasas de interés y un salario real prácticamente planchado. Las familias, con ingresos que no acompañaron el ritmo de los precios y cuotas cada vez más difíciles de sostener, comenzaron a atrasarse en sus pagos.
En ese marco, mencionó medidas de alivio financiero, como las impulsadas en Santa Fe, como una respuesta a un problema que se volvió cada vez más visible.
La expectativa hacia el segundo semestre
De todos modos, José Toledo estimó que la baja de tasas y la desaceleración inflacionaria deberían empezar a ordenar parte de ese escenario hacia el segundo semestre. “La mora va a empezar a caer por esta circunstancia”, proyectó.
La expectativa es que, con un costo financiero menor y precios creciendo a menor velocidad, hogares y empresas encuentren algo más de oxígeno.
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El año electoral aparece como otro elemento central en el análisis. Toledo recordó que el Gobierno nacional mostró en distintas oportunidades una postura rígida, incluso frente a temas socialmente sensibles. Mencionó como ejemplo las discusiones vinculadas a discapacidad y educación, donde el oficialismo mantuvo su posición pese al costo político.
Sin embargo, advirtió que el gobierno necesitará mostrar algún resultado económico concreto para sostener expectativas políticas. “Algo tiene que hacer desde el punto de vista económico, porque si a partir del segundo semestre la economía no se estabiliza en un crecimiento sostenido, va a ser muy difícil lograr una reelección”, evaluó.
Una economía a dos velocidades
El problema, según Toledo, es que la economía argentina avanza a dos velocidades. Hay sectores que muestran un desempeño muy positivo, vinculados principalmente al agro, la minería y el petróleo, con crecimiento, inversiones y generación de divisas. Pero al mismo tiempo existen ramas de actividad profundamente afectadas, sobre todo aquellas que dependen del consumo interno.
“Argentina tiene sectores que vuelan, con un crecimiento increíble, y sectores que están pauperizados”, sintetizó.
En regiones fuertemente ligadas al agro, como el sur santafesino, el movimiento económico puede ser diferente al de los grandes centros urbanos o zonas menos favorecidas por la cosecha. El especialista destacó que en esta región se registró una de las mejores campañas de los últimos años, lo que genera una dinámica distinta. Pero aclaró que, al alejarse de los territorios influenciados por el agro, la minería o el petróleo, la realidad económica cambia de manera marcada.
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Promedios que esconden realidades distintas
Esa disparidad también se observa en los indicadores generales. “Uno habla con cualquier economista y te dice que Argentina está creciendo al 5 por ciento. Y sí, es real, pero es un promedio. Hay sectores que crecen mucho y otros que vienen cayendo al 10 por ciento”, explicó.
Para el analista, el gran desafío será lograr un equilibrio entre esos sectores dinámicos y los rubros más golpeados por la recesión y la caída del consumo. Sin esa recomposición, la mejora macroeconómica puede quedar limitada a determinados núcleos productivos, sin trasladarse al conjunto de la sociedad.
“Dejar de caer no significa crecer”
De cara al cierre del año, José Toledo proyectó una recuperación parcial a partir de septiembre u octubre, impulsada por una inflación más baja y una reducción de las tasas de interés. No obstante, fue cauto al definir el alcance de esa mejora. “Creo que Argentina va a terminar el año dejando de caer. Pero dejar de caer no significa crecer. Son dos cosas distintas”, concluyó.

