Canción patria
La esencia del Himno Nacional Argentino, según Boby Moore
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El integrante del Instituto Belgraniano de Venado Tuerto analiza en profundidad el Himno Nacional Argentino, que tuvo su día este 11 de mayo, desentrañando su contexto histórico, simbología y significado de cada estrofa.
Desde las primeras palabras, el Himno Nacional Argentino nos convoca a “Oid, mortales, el grito sagrado: Libertad, Libertad, Libertad”.
Boby Moore, miembro del Instituto Belgraniano de Venado Tuerto, analiza cada estrofa, explicando los símbolos, términos antiguos y contexto histórico que acompañan la letra.
Moore señala que Oid es un imperativo antiguo, equivalente a “escuchen” u “oigan”, y que la triple mención a Libertad refleja la influencia de la Revolución Francesa. El “trono de la noble igualdad” y el laurel coronando la frente simbolizan victoria y honor; el León mayúscula representa el estandarte real español.
El coro, que pide “Sean eternos los laureles”, no solo celebra la victoria, sino que invoca un compromiso permanente con la libertad, recordando los sacrificios de patriotas de distintos orígenes.
Moore explica además referencias mitológicas como Marte, dios romano de la guerra, y cómo la letra refleja la participación indígena y el debate político de la época, incluyendo propuestas de gobierno monárquico con descendientes de la dinastía Inca.
A medida que la letra avanza, el Himno describe los conflictos de toda América Hispana: México, Quito, Potosí, Cochabamba y La Paz eran escenarios de represión. Los patriotas argentinos juraron sostener su libertad y supieron oponer sus fuertes pechos a los invasores, un símbolo de unión y coraje que Moore interpreta como fundamental para la identidad nacional.
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Las batallas y victorias que se mencionan—San José, San Lorenzo, Suipacha, Salta, Tucumán, Las Piedras y Colonia—representan triunfos sobre el opresor y la afirmación de la soberanía. Moore explica términos antiguos como Sud (Sur), ínclita unión (ilustre unión) y cerviz orgullosa (inclinar la cabeza en señal de derrota), esenciales para comprender la poesía de la época.
Vicente López y Planes, autor de la letra, fue protagonista de los hechos históricos: participó en la defensa contra las invasiones inglesas, los sucesos de Mayo de 1810, las expediciones libertadoras y ocupó cargos como secretario del Primer Triunvirato, del Directorio y hasta la presidencia interina de las Provincias Unidas. Moore resalta que López y Planes incorporó un mensaje humanista: la libertad como verdadera vencedora.
La música, compuesta por Blas Parera, catalán, mezcla religiosidad, expresiones folklóricas y marcialidad. La partitura original se perdió y fue Juan Pedro Esnaola quien la recompuso casi idéntica a la original.
Versión acotada
Originalmente, el Himno duraba más de 30 minutos; la versión oficial de 1944 (unos cuatro minutos) incluye primera y última cuarteta y coro. Moore resalta que cada estrofa conserva su riqueza histórica y simbólica, enseñando que la libertad es la verdadera vencedora y que cada canto renueva el compromiso de la Nación.
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Moore también explica cómo cada vez que se canta, se renueva un juramento simbólico: no solo se recuerda a los patriotas que ofrecieron su vida, sino que se refuerza el compromiso de defender la libertad y la identidad nacional. Términos en desuso como Oid, Ved, Sud o cerviz orgullosa se transforman en ventanas para comprender la mentalidad y narrativa de los argentinos del siglo XIX.
El Himno Nacional Argentino, según Moore, no es simplemente una canción; es una crónica épica de independencia, un testimonio de sacrificio y heroísmo, y un símbolo de la memoria histórica que sigue uniendo generaciones.
Texto completo del Himno Nacional Argentino (versión de 1813)
Oid, mortales el grito sagrado,
Libertad, Libertad, Libertad.
Oid el ruido de rotas cadenas,
Ved en trono a la noble igualdad.
Coro:
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir,
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
la grandeza se anida en sus pechos
y a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y mares se sienten,
retumbar con horrible fragor,
todo el País se conturba por gritos,
de venganza, de guerra, y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel,
su Estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre México y Quito
arrojarse con saña tenaz?
¿Y cual lloran bañados en sangre,
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas,
luto, y llanto, y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fiera,
todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, Argentinos
el orgullo del vil invasor,
vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron,
su feliz libertad sostener,
a esos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente Argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra cual trueno
a los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los Pueblos de la ínclita unión,
y con brazos robustos desgarran
al Ibérico altivo León.
San José, San Lorenzo, Suipacha,
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen
aquí el brazo Argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero Argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a la vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas, se rinden
por trofeos a la libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir,
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.

