Venció al cáncer y se recibió al mismo tiempo
La historia de la médica cañaseña que se volvió viral: "Quiero construir una medicina más humana"
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A los 35 años, orgullosa de sus raíces en Villa Cañás, la flamante profesional comparte su experiencia, donde la identidad, el esfuerzo y la sensibilidad se entrelazan para dar paso a una nueva forma de entender la medicina.
Ivana Rodríguez, es una joven de 35 años oriunda del sur-sur santafesino que tiempo atrás se volvió inesperadamente conocida por un emotivo video que compartió su oncólogo Sebastián Torres, quien donde compartía el recorrido de su paciente y celebraba el logro de la cañaseña: terminar su tratamiento oncológico a causa de un cáncer de mama y al mismo tiempo recibirse de médica, un sueño que venía sembrando por años y que ninguna circunstancia de su vida detuvo.
En contacto con Sur24, Ivana contó cómo transitó ese camino con altibajos y sobre todo con mucha esperanza.
Raíces cañaseñas
Nacida hace 35 años en Villa Cañás, Ivana Rodríguez lleva consigo la impronta de su ciudad natal. Allí forjó sus primeros lazos y construyó su educación secundaria en la Escuela Normal Superior N° 38 , egresando en el año 2007. Esa base educativa y humana fue la que la impulsó a buscar nuevos horizontes en Rosario, donde comenzó un camino de búsqueda profesional que no estuvo exento de dudas.
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En 2008 comenzó la carrera de Farmacia, pero tras dos años descubrió que su verdadera pasión estaba en otro lugar. Fue así como en 2010 comenzó la tecnicatura en Diagnóstico por Imágenes, recibiéndose en 2013. A pesar de ejercer con felicidad en el Hospital Provincial de Rosario, el deseo de ser médica latía con fuerza, aunque el miedo al fracaso lo mantenía guardado. Finalmente, en 2020, decidió dar el gran paso y comenzó Medicina, motivada por encontrar la forma más humana de ayudar a los demás. “Amo lo que hago porque la medicina no es solo ciencia: es empatía, entrega y vocación. Y el verdadero valor de haberla elegido está en poder transformar el conocimiento en cuidado, y el cuidado en un impacto real en la vida de alguien”, expresó con convicción.
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El diagnóstico no fue “pausa”
En el año 2025, Ivana se encontró en la recta final de su carrera, con apenas cuatro materias restantes para obtener su título. Fue entonces cuando un hallazgo casual cambió el rumbo de sus días: “Todo empezó cuando una mañana me toque una bolita en una de las mamas, fue casualidad.
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Ahí decidí consultar con mi ginecólogo quien me pidió una ecografía para estudiarlo. Todo indicaba que era una lesión benigna y que había que hacer seguimiento”, recuerda. Sin embargo, al presentarse otras manifestaciones clínicas “mi mastólogo decide realizarme una biopsia, y de esa manera llegamos a mi diagnóstico de Cáncer de Mama”, detalló sobre el momento clave de su vida.
Libros y quimioterapia
Convivir con el tratamiento y la formación médica fue un desafío transformador. Ivana relata que nunca puso la enfermedad en primer lugar, lo cual le permitió transitarla con una entereza admirable. No obstante, el conocimiento médico también le trajo miedos más conscientes al entender profundamente cada proceso biológico que atravesaba.
Los meses de tratamiento fueron básicamente extenuantes. Ivana debió estudiar en medio de náuseas, vómitos y un cansancio extremo que a veces le impedía incluso sentarse. Pero su voluntad era inquebrantable. “Mi carrera fue mi motor para seguir adelante, me aferre a mi gran sueño porque estudiar y convertirme en médica me recordaba quién era y todo lo que todavía quería vivir y lograr”, compartió con emoción.
El 25 de febrero, apenas doce días después de su penúltima sesión de quimioterapia, rindió su última materia, Pediatría, en el Hospital de Niños de Zona Norte de Rosario, convirtiéndose oficialmente en médica.
Y el 11 de marzo llegó otro hito fundamental: su quimioterapia número 16 , la última de su tratamiento. Ese día, rodeada de sus padres, amigas y su oncólogo, Ivana cerró una de las etapas más difíciles de su vida entre bengalas y globos, con un pensamiento claro: "Lo logré... Pasé por todo esto y acá estoy. Porque ese día no solo terminaba un tratamiento; también cerraba una de las etapas más difíciles y transformadoras de mi vida”, valoró Ivana.
La marca de la experiencia
Lo que este proceso dejó en Ivana es una huella imborrable que definirá su práctica profesional. Haber experimentado la medicina desde la camilla del paciente le otorgó una sensibilidad y empatía que no se encuentran en ningún libro de texto.. "Hoy siento que tengo una sensibilidad que solo se adquiere cuando uno conoce los dos lados de la medicina", reflexiona.
Para ella, la marca más profunda es el entendimiento de que detrás de cada diagnóstico hay emociones y angustias que requieren ser escuchadas. Su objetivo ahora es “construir una medicina más humana y cercana”, donde el acompañamiento y la presencia sean tan importantes como el tratamiento técnico.
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El poder del amor y la red de contención
Ivana es enfática al afirmar que, si bien la medicina le salvó la vida, el amor fue el componente que realmente la curó. Su "equipo", como ella llama a su red de apoyo, fue fundamental: sus padres, su mejor amiga Aldana, sus compañeros del Hospital Provincial de Rosario y su oncólogo, el Dr. Sebastián Torres. La relación con el Dr. Torres trascendió lo profesional; ella lo describe como su "ángel" y un integrante más de su familia, destacando su rol humano incondicional.
Hoy, la médica cañaseña se describe en un lugar de transformación absoluta. Su mensaje para quienes atraviesan diagnósticos similares es un llamado a la esperanza: "No son solo una enfermedad ni un diagnóstico. Sigue siendo personas con sueños... Nunca dejen de aferrarse a aquello que los hace sentir vivos".

