Segundo Conversatorio de Conciencia y Acción contra la Violencia de Género
La memoria de Chiara volvió a convertirse en acción colectiva contra las violencias
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Con Verónica Camargo, mamá de Chiara Páez, como una de las principales impulsoras, el encuentro reunió en Rufino a estudiantes, docentes, equipos territoriales, especialistas y familiares de víctimas de femicidio. La jornada puso el foco en la prevención, las políticas públicas, los mitos que obstaculizan las denuncias y la necesidad de construir comunidades libres de violencia.
(Por Ana Inés Dobal) - Bajo la premisa de que “la indiferencia no es opción”, Rufino fue escenario del 2° Conversatorio de Conciencia y Acción contra la Violencia de Género, una jornada atravesada por la memoria, el compromiso y la necesidad de transformar el dolor en herramientas concretas de prevención y acompañamiento.
El encuentro se realizó el sábado 6 de junio, desde las 9.30, en la sede de Amsafe Rufino, ubicada en Manuel Roca 325. La actividad contó con un salón colmado de jóvenes, docentes, referentes institucionales, equipos de trabajo de distintas localidades de la región y vecinos interesados en participar de un espacio de reflexión, formación y construcción colectiva.
Al frente de la iniciativa estuvo Verónica Camargo, mamá de Chiara Páez, cuyo femicidio, ocurrido en Rufino en 2015, marcó un punto de inflexión social y dio origen al grito de Ni Una Menos. Diez años después, su nombre sigue asociado a una lucha que ya no se limita al reclamo, sino que busca generar redes, respuestas y políticas públicas.
La jornada, que fue transmitida en vivo por Panamericana Play, combinó exposiciones técnicas, experiencias de gestión territorial y testimonios profundamente conmovedores de familiares de víctimas de femicidio.
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Desarmar mitos que frenan las denuncias
El primer panel estuvo orientado a discutir discursos instalados en la opinión pública que, muchas veces, terminan debilitando los canales de denuncia. Bajo el título “Violencia de género y falsas denuncias: entre el mito y la realidad”, expusieron la abogada especialista en derecho de familia María Elena Baravalle y el licenciado Carlos Rossi.
Baravalle fue categórica al señalar que las denuncias infundadas representan menos del 1 por ciento dentro de los registros judiciales de la provincia de Santa Fe. En ese sentido, advirtió que la insistencia sobre el supuesto volumen de falsas denuncias suele funcionar como una estrategia para poner en duda a las víctimas y demorar medidas urgentes, como exclusiones del hogar o restricciones de acercamiento.
Rossi, por su parte, abordó el impacto de la sospecha social e institucional sobre la salud mental de quienes atraviesan situaciones de violencia. Según explicó, el miedo a no ser creídas aparece como una de las principales barreras que posterga, muchas veces durante años, la posibilidad de pedir ayuda.
El intercambio con el público permitió sumar preguntas, inquietudes y ejemplos concretos, en una dinámica cercana que buscó acercar conceptos jurídicos y sociales a estudiantes, docentes y vecinos.
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La mirada regional sobre las políticas públicas
El segundo tramo del conversatorio puso el foco en las experiencias de gestión local y regional. El panel, denominado “Desafíos y compromisos en las políticas públicas: experiencias de gobierno actuales en la región sur”, reunió a representantes de varias localidades, constituyendo un espacio destinado a compartir experiencias de gobierno y políticas públicas en la región sur. Entre los disertantes de la primera parte estuvieron Leonel Chiarella, intendente de Venado Tuerto; Andrea Travaini, secretaria de Mujeres, Género y Diversidad de la Provincia de Santa Fe; y Cristian Vincenti, presidente Comunal de Sancti Spiritu.
La segunda parte del panel contó con la intervención de los equipos de género locales, incluyendo el Equipo de Género del Municipio de Venado Tuerto; Anabella Quinteros, del Equipo de Género de la Comuna de Murphy; y el Equipo de Género de la Comuna de Sancti Spiritu.
Estos paneles buscan promover la reflexión sobre los desafíos, avances y compromisos que existen desde el sector público para garantizar políticas inclusivas y de protección frente a la violencia de género.
Participaron también la licenciada Julia Martínez y las trabajadoras sociales Andrea Gómez y Mariana Silva, quienes compartieron diagnósticos y desafíos comunes en el abordaje territorial de la violencia de género.
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Los expositores coincidieron en que la demanda suele desbordar los recursos económicos y humanos disponibles en muchas localidades del sur provincial. También remarcaron la necesidad de mejorar la articulación con el Poder Judicial, fortalecer los vínculos con las comisarías de la Mujer y avanzar en la creación de hogares de tránsito o refugios de emergencia de escala regional.
Aun así, destacaron el valor de los equipos interdisciplinarios locales, que en pueblos y ciudades pequeñas suelen constituir la primera puerta de escucha, contención y acompañamiento para mujeres en situación de violencia.
“La violencia nos atraviesa a todos”
En diálogo con esta redacción, Verónica Camargo explicó que el objetivo del conversatorio es sostener la memoria de Chiara y de tantas otras víctimas, pero siempre desde una perspectiva activa.
“Desde que arranqué con todo esto, mi idea siempre fue que trabajemos todos juntos. La violencia nos atraviesa a todos y, si no dejamos las diferencias de lado, los femicidios siguen ocurriendo y no vamos a poder cambiar esta situación”, expresó.
Camargo sostuvo que el encuentro representa “un pequeño granito de arena” para mantener viva la memoria de Chiara y de otras jóvenes asesinadas, pero también para preguntarse qué puede hacer cada persona desde su lugar.
“Me parecía importante traer equipos de trabajo de la región, para ver qué podemos aplicar acá, qué funciona y qué podemos imitar. La idea es no dejar de hacer cosas porque va poca gente o porque te critican. Hay que seguir adelante, ponerse el chaleco antibalas y hacer cosas, porque si no la violencia continúa”, remarcó.
Cuando el amor se vuelve lucha
El momento más intenso de la jornada llegó en el tramo final, con el panel “Cuando el amor se vuelve lucha”, integrado por madres de víctimas de femicidio. Allí, el auditorio se sumergió en un clima de respeto y emoción, atravesado por relatos que expusieron el dolor de las pérdidas, pero también la decisión de convertir ese dolor en testimonio y advertencia.
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En este bloque participaron Verónica Camargo, mamá de Chiara Páez; Fabiana Morón, mamá de Julieta Del Pino; Mónica Ortiz , mamá de Catherine Quinteros; y Jésica Mora, mamá de Guadalupe Montoya.
Verónica Camargo abrió el bloque tomada de la mano de otras madres y dirigió sus palabras especialmente a los jóvenes presentes. Recordó que la multitudinaria movilización por Chiara no puede ser motivo de orgullo personal, porque su hija no volvió, y pidió respeto absoluto al momento de abordar estos temas.
También habló de los enojos que atravesó con el tratamiento del caso y de cómo, con el tiempo, pudo transformar esa experiencia en una causa abierta a todos, sin distinciones políticas ni religiosas.
Luego fue el turno de Fabiana, mamá de Julieta Del Pino, la joven de 19 años asesinada en 2020 en Berabevú. Su testimonio puso en discusión el modo en que la sociedad y los medios suelen recordar a las víctimas, pero muchas veces dejan en un segundo plano los nombres, rostros e historias de los femicidas.
El testimonio que quebró al auditorio
Uno de los momentos de mayor conmoción se produjo cuando Mónica, mamá de Caty, pudo hablar públicamente por primera vez. Entre lágrimas, relató que pidió ayuda, realizó denuncias y, aun así, sintió que nadie la acompañó a tiempo.
“Yo pedí ayuda, hice denuncias y nadie me ayudó. El femicida de mi hija atacó antes a mi marido y dijo que iba a matar a mi hija. Después lo hizo. Hoy crío a mis dos nietas, que preguntan todos los días por su mamá. Yo no pude hacer nada más y me dejaron sola”, expresó, conmoviendo a todo el auditorio.
También estuvo presente la mamá de Guadalupe, la víctima más reciente de femicidio en Rufino. Aunque eligió permanecer en silencio, su presencia fue reconocida como un gesto de enorme fortaleza en medio de un dolor todavía muy reciente.
Camargo pidió respetar esos tiempos y subrayó que no todas las personas pueden hablar de inmediato. “Poder hablar tiene sus tiempos, y acá estamos para respetarlos y para ser puentes”, sostuvo.
Antes del cierre, volvió a dirigirse a los estudiantes secundarios para remarcar la importancia de reconocer señales de alerta en los vínculos afectivos. “Ustedes son testigos en las aulas y en las calles. Pueden avisar, alertar y acompañar. También pueden reconocer sus propios vínculos tóxicos y salir de ahí a tiempo”, expresó.
Una promesa hacia adelante
El conversatorio concluyó pasadas las 14.30, con aplausos, abrazos y una sensación compartida de compromiso. Verónica Camargo agradeció a quienes viajaron desde distintas localidades de la región, a los equipos que participaron de la organización y, especialmente, a los jóvenes presentes.
“Ustedes son los verdaderos protagonistas para intentar cambiar estas historias y permitirnos vivir en comunidades libres de violencia”, dijo en el cierre.
Así, Rufino volvió a ser punto de encuentro para una memoria activa. Una memoria que no se conforma con recordar, sino que insiste en construir respuestas, tender redes y sostener una consigna que atravesó toda la jornada: frente a la violencia de género, la indiferencia no puede ser una opción.

