Cultura y religión
La Pasión de Cristo, una inagotable inspiración a los artistas durante siglos
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Desde la Edad Media hasta la modernidad, el sufrimiento de Cristo en los momentos previos a su muerte fue uno de los grandes temas del arte. En ese camino, El Bosco dejó una de las interpretaciones más extrañas e inquietantes.
Por Juan Ignacio Novak
"Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado". Evangelio según San Mateo 26. 1-2.
Para los católicos, la Pasión de Cristo es el núcleo de la fe. En ese punto donde el dolor se hace redención, el arte encontró, a lo largo de los siglos, una fuente inagotable de sentido. El crítico santafesino Jorge Taverna Irigoyen lo explicó muy bien en una columna de 1976, en las páginas de El Litoral.
"Es la Pasión el gran capítulo, la hoja mayor que arranca vivientes naturalezas del pincel de los artistas, del martillo y el cincel. Pareciera que dentro de esa Cruz centralizadora de anunciaciones, natividades, crucifixiones y ascensiones cupieran todos los talentos y todas las búsquedas cual si fuera un agua inagotable para calmar la sed del hombre creador".
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"Ecce homo". Foto: Museo Städel
Ese "agua inagotable" recorre la historia del arte occidental con una persistencia que es conmovedora. Desde las primeras representaciones medievales hasta las reinterpretaciones contemporáneas, el drama de Jesús es como una especie de "matriz simbólica" que trasciende todas las épocas.
"Lo cierto es que el drama de la Pasión, uno de los más intensos, desgarrantes y sublimes de la vida de Cristo, ha recibido la luz y la monumentalidad de innumerables artistas de relieve y de artesanos anónimos, ansiosos todos de purificar la consistencia material de los actores y sus escenas, para convertirlos en imágenes de efecto", insistía Taverna.
En ese recorrido, pocas miradas resultan tan perturbadoras y fascinantes como la de El Bosco, el pintor del siglo XV famoso por sus escenas religiosas llenas de símbolos, monstruos y visiones del pecado y el infierno.
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"Cristo con la Cruz a cuestas". Foto: Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
Entre la fe y la inquietud humana
También conocido como Hieronymus Bosch, El Bosco vivió entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, en un contexto de tensiones religiosas, supersticiones populares y un imaginario colectivo fuertemente simbólico.
Lejos de la representación clásica y armónica del Renacimiento italiano, su obra se adentra en un universo donde lo sagrado convive con lo grotesco. Algunos lo consideran una suerte de protosurrealista.
Miguel Calvo Santos señala que "su temática fue casi exclusivamente religiosa, pero se interesó sobre todo por la debilidad humana, y bebió básicamente de la cultura popular".
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Museo de Historia del Arte de Viena
En su obra, sigue Calvo Santos, "refranes, dichos, supersticiones, costumbres y leyendas de su tierra fueron una mina para él y casi siempre impregnó sus pinturas de un burlesco sentido del humor, que en ocasiones rozaba la crueldad".
Ese ir y venir entre lo divino y lo humano sirve para entender cómo El Bosco abordó la Pasión. Nunca se dejó llevar por el relato idealizado. Un poco a la manera en que Mel Gibson lo haría muchos siglos después en el cine, usó el episodio bíblico como espejo deformante de la condición humana.
Deformación, símbolo y angustia
En las representaciones de la Pasión, El Bosco rompe con la serenidad. Sus escenas están pobladas de rostros distorsionados, gestos exacerbados y personajes que parecen emerger de una pesadilla moral.
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"La Coronación de espinas de Cristo" de El Bosco. Foto: National Gallery de Londres
Es cómo afirmó Fulwood Lampkin: "El Bosco es uno de los pintores más enigmáticos de la Historia del Arte. Verdadero surrealismo medieval con obras llenas de figuras con diferentes simbolismos e interpretaciones".
Ese "surrealismo medieval" se manifiesta en sus obras donde la figura de Cristo aparece rodeada por una multitud grotesca que encarna el pecado, la violencia y la irracionalidad. La Pasión deja de ser un relato sagrado para ser alegoría de la humanidad caída. La multitud que rodea a Cristo es una representación simbólica de los vicios humanos.
En el citado texto, Taverna da una idea de cómo leer este tipo de obras. "En un simbolismo cuya severidad plástica muchas veces cobra el valor de documento, de concreto equilibrio entre el análisis anatómico y la trascendencia expresiva, el impulso vital de la forma y del color se han transustanciado en esa etereidad que progresa desde la fe hasta el éxtasis".
En El Bosco, esa "transustanciación" toma una forma inquietante. No hay idealización del cuerpo ni armonía, hay deformidad y dramatismo. Pero es en esa ruptura donde aparece una nueva forma de espiritualidad.
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"Crucifixión con donante". Foto: Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica
Una continuidad
La Pasión, como dice Taverna, se enmarca en una continuidad histórica. "Desde la Última Cena, la oración en el Monte de los Olivos, Jesús ante Pilatos y el diálogo con los Apóstoles, pasando por todas las otras escenas del Calvario hasta la Resurrección, la historia del arte revela una continuidad conmovedora de obras que superan la voluntad del tiempo".
El Bosco se inscribe en esa tradición, pero al mismo tiempo la subvierte. Su mirada no consuela, cómo ocurre en otros artistas. Más bien interpela. No propone una fe serena, sino una muy distinta atravesada por el conflicto y la duda. Un mensaje potente para nuestro tiempo.

