La última función del “10”, ante España y por el bicampeonato
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La Argentina de Messi buscará la histórica coronación como cierre de una etapa gloriosa e incomparable. Se jugará este domingo a las 16 de nuestro país en el Metlife de New Jersey.
Está llegando el gran momento, otro más para el fútbol argentino. Este domingo, el MetLife Stadium de Nueva Jersey —un coliseo con 82,500 almas en las tribunas y una audiencia global estimada que superará los 1,000 millones de espectadores, más un premio de 50 millones de dólares para el campeón— no albergará noventa minutos de juego. Albergará un juicio final.
La selección de Lionel Scaloni busca quebrar las leyes de la historia y coronar la dinastía más grande, jamás vista, con un bicampeonato mundial consecutivo. El objetivo es unánime: regalarle el broche de oro definitivo a la leyenda de Lionel Messi. Pero el destino nunca regala finales felices; exige conquistarlos con sangre, sudor y lágrimas. Enfrente estará la España de Luis de la Fuente, el equipo que ha redefinido la perfección colectiva, manteniendo aquella idea que empezó a prender con el Barcelona de Johan Cruyff primero y de Guardiola después, que abandonó la vieja “furia española”, sin logros, por una generación de jugadores de buen pie que lo llevaron al título del mundo en Sudáfrica.
Para la Argentina, este partido rasga las fibras más íntimas de su identidad. No se trata solo de una copa; se trata de honrar la memoria del viejo y glorioso fútbol argentino. Es la herencia de los que nos enseñaron a amar esta camiseta, de los abuelos y padres que contaban hazañas en blanco y negro, de la mística del potrero que sobrevive al paso del tiempo.
Salir a la cancha este domingo es defender un estilo de vida: la gambeta irreverente, el orgullo criollo, el potrero rebelde que se niega a ser robotizado por los manuales europeos. Messi encarna a esa vivencia de niños felices con la pelota. Como dijo Scaloni, “esperamos el partido como cuando éramos niños e íbamos al campito a jugar el barrio contra barrio”.
Cada argentino sabe que no es solo un partido: es el juramento de un pueblo que juega con el corazón en la mano, empujado por el aliento invisible de millones que ya no están, pero que desde el cielo empujan esa pelota.
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Lionel Scaloni. Foto: Fernando Nicola
Por primera vez en todo el ciclo, Argentina no parte con la idea de intentar el control absoluto del tablero. Deberá jugar un partido de ajedrez con el cuchillo entre los dientes para neutralizar a un rival que llega con cifras de espanto. España es una máquina fría y eficiente: es la selección más fuerte defensivamente del torneo, pues solo le convirtieron un solo gol.
Para Scaloni y De la Fuente, con fuertes lazos por ser amigos y, en el caso del técnico español, profesor de Scaloni cuando hizo el curso de técnicos, también el partido es un duelo de trincheras:
• De un lado, Rodri; del otro, Paredes y compañía. El mediocampo será una zona de altísima tensión donde la pelota quemará. España se mueve al ritmo que impone Rodri, un jugador que registra una efectividad en pases superior al 92 % en este torneo. Para destruir ese circuito de distribución, Argentina podría apostar a revivir el espíritu combativo del Cholito Simeone o apostar por un Rodrigo De Paul capaz de ensuciar el juego de Rodri y desactivar a Dani Olmo, para “joderle” el motor al gigante europeo.
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Rodri, el muy buen volante que tiene la selección española de De la Fuente. Foto: Reuters
• El lateral derecho es la duda que le quita el sueño al cuerpo técnico argentino. Ninguno de los ocupantes de esa banda llega en su pico de rendimiento, y España es un equipo diseñado para castigar con crueldad quirúrgica esa debilidad. Marc Cucurella y los extremos españoles castigan de forma constante ganando la espalda del lado opuesto de la jugada. Quien ocupe esa posición en Argentina deberá jugar un partido perfecto en lo posicional si no quiere ser devorado por la amplitud rival.
• Mientras Argentina sufre por sus bandas (sobre todo la derecha), España ataca con “aviones”. Cucurella por izquierda y Pedro Porro por derecha —este último, socio defensivo del Cuti Romero en el Tottenham— no solo defienden con una firmeza envidiable, sino que se proyectan al ataque por sorpresa, rompiendo líneas defensivas. Tapar estas proyecciones aéreas será una tarea de sacrificio absoluto para todo el sistema defensivo argentino.
• Existe una estadística engañosa que podría tentar a la confianza: las máximas figuras ofensivas de España aún no han alcanzado su máximo brillo individual (Lamine Yamal suma un gol y una asistencia, y Pedri fue relegado al banco los dos últimos partidos). Sin embargo, el bloque colectivo español los ha sostenido. La jerarquía individual está latente, agazapada, y un solo segundo de distracción argentina bastará para que estos monstruos despierten y cambien el rumbo de la historia.
• Argentina tiene a Messi y esa sí que es un arma letal. Uno no sabe si será su último partido, pero sería un broche de oro inigualable para una carrera incomparable. A los 39 años, se despertará este domingo sabiendo que va a jugar otra final del mundo y que podría ser elegido el mejor jugador del torneo. Increíble, pero él se encargó de hacerlo real.
No habrá término medio. El MetLife Stadium dictará sentencia entre la mística inmortal de un grupo que juega con los botines gastados del potrero y por la gloria eterna de su capitán, frente a una España que parece, defensivamente, indestructible. Quedan 90 minutos para saber si el viejo y glorioso fútbol argentino escribe su capítulo más emotivo en los libros de la eternidad, o si Europa impone a uno de sus grandes guerreros de los últimos tiempos. Acá en New Jersey y allá en la Argentina y en cada rincón del planeta donde viva un argentino, los corazones latirán más fuerte que nunca y todos empujaremos para que el último baile del 10 termine en una despedida cargada de gloria eterna. Su leyenda ya está escrita y se transmitirá eternamente de generación en generación.
