A los 88 años de edad
Murió Roberto "Fats" Fernández, el trompetista jazzero que también brilló en el tango
:format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/roberto_fats_fernandez.webp)
Figura central del jazz argentino y referente indiscutido de la trompeta, Fernández construyó un sonido propio atravesado por el swing, el tango y una profunda sensibilidad porteña. Dejó una huella imborrable también en Santa Fe, donde su paso quedó registrado en el documental “Fats” de Raúl Beceyro y en memorables presentaciones en el Festival de Jazz y Trombonanza.
(Por Ignacio Amarillo) - El jazz argentino despide a una de sus figuras más grandes. Roberto “Fats” Fernández murió a los 88 años y dejó una huella profunda en la música popular del país: un sonido personal, inconfundible, atravesado por el swing, el bebop y una sensibilidad rioplatense que lo convirtió, como supo definir Astor Piazzolla, en “el Troilo de la trompeta”.
Nacido el 7 de junio de 1937 en el barrio porteño de La Boca -“nacido y criado”, como solía aclarar con orgullo-, Fernández comenzó a tocar la trompeta a los seis años en la banda de exploradores del Colegio Don Bosco, a metros de su casa. A los 14 ya ganaba sus primeras monedas con el instrumento y desde entonces su vida quedó ligada de manera indisoluble a la música. “Soy trompetista, ya lo era antes de tocar”, afirmaba en una entrevista, convencido de que la vocación antecede a la técnica.
Su trayectoria, que se extendió por casi seis décadas, lo ubicó entre los grandes referentes del jazz argentino con proyección internacional. Integró la mítica Georgian’s Jazz Band, fue parte del quinteto de Gato Barbieri y compartió escenarios con figuras legendarias como Ray Charles, Dizzy Gillespie, Chick Corea, Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval y los hermanos Wynton y Branford Marsalis. Gillespie lo bautizó “Golden Sound”; Freddie Hubbard, “Mr. Chops”. Los apodos resumían la admiración que despertaba entre sus pares.
Aunque brilló en el jazz, Fats nunca se encerró en un solo género. El tango fue otro territorio central de su identidad musical. “Yo soy un músico de esta ciudad, toco tango desde chico y el tango forma parte de mi vida”, decía. Esa convivencia de lenguajes -el fraseo jazzero y el pulso porteño- definió un estilo propio, especialmente notable en sus baladas, donde desplegaba un lirismo cálido y profundamente emotivo.
Grabó discos que hoy son referencia, como “El trompetista de Buenos Aires” (1987), “New York Sessions & Trabajos Porteños” (1989, con Paquito D’Rivera), “Cuore” (1991, con invitados como Dizzy Gillespie y Litto Nebbia), “La música y la vida” (1992, con Wynton Marsalis), “Tangos y Standards” (1996), “100 años de Gershwin” (1998) y “Baladas” (2009). Fue distinguido con múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio Konex de Platino, el ACE y el Estrella de Mar.
Más allá de los escenarios, Fernández fue un maestro generoso. Formó a varias generaciones de trompetistas, dictó clínicas y talleres, y defendió siempre una idea del jazz como espacio de libertad y expresión popular, lejos del elitismo. “Si la música no se toca con el corazón, no es música”, repetía.
Fats actuando en el Festival de Jazz de Santa Fe en 2000, cuando todavía se realizaba en el Anfiteatro del Parque del Sur. Foto: Archivo El Litoral / Flavio Raina
Un lazo profundo con Santa Fe
La relación de Fats Fernández con Santa Fe fue especialmente cercana. Fue un invitado querido y recurrente del Festival de Jazz de Santa Fe y de Trombonanza, donde su presencia era celebrada como la de un maestro entre discípulos. En 2010 visitó la ciudad para dictar una clase y participar de un concierto, experiencia que quedó registrada en el documental “Fats” (2018), dirigido por Raúl Beceyro y realizado por el Taller de Cine de la Universidad Nacional del Litoral. La película muestra al músico en ensayos, clases y sobre el escenario, y captura no solo su talento sino también su calidez humana y su compromiso pedagógico.
Esa “Noche de los maestros” en el Paraninfo de la UNL, junto al Santa Fe Jazz Ensamble, quedó grabada en la memoria del público local como uno de los momentos más emotivos del festival: la trompeta de Fats dialogando con nuevas generaciones, en un gesto de continuidad y legado, junto a otras figuras como Hugo Pierre, Luis Ferreira, eArturo Schneider, Mariano Zarich, Gaspar Licciardone y Horacio Blanc.
Ese mismo año, actuó en el marco del concierto de cierre de Trombonanza, también junto a Jazz Ensamble, compartiendo con los también fallecidos Irvin Wagner y Remigio Pereira Pintos.
En la edición 2010 de Trombonanza, junto a Irvin Wagner, Rubén Carughi y Remigio Pereira Pintos. Foto: Archivo El Litoral / Pablo Aguirre
Las despedidas
La noticia de su muerte generó una inmediata ola de mensajes de despedida. El guitarrista Ricardo Lew confirmó el fallecimiento y lo recordó con emoción: “Fue uno de los grandes músicos de jazz del siglo pasado y del actual. Tuve la inmensa suerte de compartir escenario con él y disfrutar de su increíble manera de tocar baladas, con una capacidad notable para emocionar al público. Adiós querido Fats... que tengas la maravillosa gira que te has ganado”.
Desde Santa Fe, el contrabajista Gonzalo Carmelé escribió: “Se nos fue de gira el querido Roberto Fats Fernández. Músico fundamental del jazz argentino, gran maestro, un tipo muy cálido y querido. (...) Hasta siempre maestro”.
El baterista Oscar Giunta, en un extenso mensaje, destacó su rol formativo y humano: “Gracias de todo corazón por ser parte fundamental de ese legado inmenso y por ser parte de esa ‘escuela’ que permitió soñar a varias generaciones. Fue uno de los pioneros en creer profundamente en proyectos propios y sostenerlos en el tiempo”.
Roberto “Fats” Fernández se retiró de los escenarios alrededor de 2014, afectado por problemas de salud. Su muerte deja un vacío enorme, pero también una herencia sonora que sigue viva: discos, grabaciones, alumnos, recuerdos y una forma de tocar en la que el jazz habló con acento porteño. Como él mismo decía, el sentimiento es el mismo. Y ese sentimiento, hoy, suena en silencio.

