“Otra vez mi mundo se derrumbó”: tiene Parkinson desde los 40 años y ahora enfrenta un cáncer de mama
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Valeria Mercado atravesó 16 sesiones de quimioterapia y dos operaciones. Su testimonio sobre el tratamiento, los afectos y la importancia de los controles.
Hay noticias para las que nadie está preparado. Valeria Mercado lo sabe. En octubre de 2024, cuando tenía 43 años, decidió contar públicamente cómo era convivir con el Parkinson de inicio temprano, una enfermedad que había cambiado sus rutinas, sus movimientos y su manera de vivir. En aquel momento habló de sus miedos, de las dificultades cotidianas y de la necesidad de aprender a respetar los tiempos de su propio cuerpo. Lo que nunca imaginó fue que, apenas un año después, tendría que enfrentar otro diagnóstico.
En octubre de 2025, durante un control ginecológico de rutina, una mamografía detectó un nódulo en su mama derecha que no aparecía en el estudio anterior. Después llegaron nuevas consultas, una punción y finalmente la confirmación: cáncer de mama triple negativo.
“Otra vez, mi mundo se derrumbó”, recuerda Valeria, que decidió volver a compartir su historia para generar conciencia sobre la importancia de los controles médicos y la detección temprana.
En la primera consulta con la oncóloga, puso en palabras sus temores y lo que estaba dispuesta a hacer: “Si tengo tres meses de vida, no me hago ningún tratamiento. Ahora, si tengo una posibilidad de vivir, voy a poner todo de mí para que el cáncer esté lo menos posible en mi cuerpo”.
El diagnóstico llegó cuando todavía estaba aprendiendo a convivir con el Parkinson, al que había bautizado como “Señor P”. Dos años atrás había contado que actividades tan simples como bañarse, vestirse o escribir comenzaron a demandarle cada vez más tiempo. Los dolores, el cansancio y la lentitud se habían incorporado a su vida.
“Mi mundo cambió para siempre, pero mi esencia, actitud y fuerza están intactas”, decía entonces.
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Dieciséis veces poniendo el cuerpo
El 15 de enero de 2026, Valeria comenzó la quimioterapia. Fueron meses de tratamiento, incertidumbre y desgaste físico y emocional, mientras su cuerpo también convivía con las dificultades del Parkinson.
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“Fueron 16 quimioterapias, 16 veces poniendo el cuerpo, la mente y el corazón”, resume. El 25 de junio terminó esa etapa y el 24 de julio fue sometida a una mastectomía de la mama derecha. Pero todavía tendría que atravesar otro momento inesperado.
El 25 de agosto, un fuerte dolor en la zona de la cirugía obligó a internarla de urgencia. Después de varios estudios, al día siguiente debió regresar al quirófano. “Fue un nuevo golpe, que me hizo retroceder física y emocionalmente”, reconoce.
Ahora tiene por delante 15 sesiones de radioterapia. Mientras intenta recuperarse de todo lo vivido, el Parkinson también se hace sentir: los temblores y la rigidez se intensificaron.
“Estoy cansada, muy cansada. El Parkinson también se hace sentir, con más rigidez y temblores. Pero acá estoy: firme, con ganas y con esperanza”, expresa.
Valeria encuentra una diferencia entre las dos enfermedades y cuenta cómo se posiciona frente a cada una: “El Parkinson va a estar toda la vida conmigo, por eso no lucho contra él. Pero el cáncer me puede matar, por eso quiero y voy a ganarle esta batalla”.
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Una historia que también busca ayudar
Cuando Valeria contó por primera vez su diagnóstico de Parkinson, dejó una frase que todavía conserva sentido: “No quiero ser ejemplo, pero sí una herramienta, un puente para ayudar”.
Ese mismo deseo es el que ahora la lleva a hablar del cáncer de mama. Detrás de los tratamientos, las operaciones y los meses de incertidumbre, hay un hecho que considera fundamental: la enfermedad fue detectada durante un control de rutina. Por eso quiere que su experiencia sirva para que otras mujeres consulten y se hagan los estudios que les indiquen sus profesionales.
Su testimonio llega en octubre, el mes de sensibilización sobre el cáncer de mama. Para ella, hablar de lo que atraviesa también es una manera de acompañar a quienes puedan estar pasando por una situación similar.
En estos meses, su familia, sus amigos y las personas que estuvieron cerca ocuparon un lugar central. “Gracias de corazón a cada persona que me acompañó, que estuvo cerca, que abrazó, rezó, preguntó o simplemente estuvo. Cada gesto significó muchísimo para mí”, señala.
A ese reconocimiento suma a quienes la atienden y acompañan durante el tratamiento: “Gracias a todos los profesionales que están siempre a mi disposición”.
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Un día a la vez
Dos años atrás, Valeria decía que había aprendido a convivir con un cuerpo que ya no respondía como antes. Que había días en los que agradecía que el Parkinson no se notara y otros en los que hubiera querido llevar un cartel que explicara lo que estaba atravesando.
Ahora vuelve a hablar con esa misma sinceridad. Reconoce el cansancio, las dificultades y el impacto emocional de lo vivido. También sabe que todavía le queda camino por recorrer.
“No fue un camino fácil y todavía no terminó, pero llegué hasta acá. Y eso también es motivo de orgullo”, reflexiona.
Entre las sesiones y la recuperación, piensa en volver a disfrutar de su hijo, de su familia y de esas pequeñas cosas que antes parecían habituales. Compartir su experiencia también forma parte de esta etapa: contar lo que le pasa, agradecer a quienes están cerca y hacer llegar su mensaje a otras mujeres.
“Ahora quiero mirar hacia adelante, cuidar mi cuerpo, recuperar fuerzas y disfrutar, con más conciencia que nunca, todo lo lindo que la vida todavía tiene para regalarme. Un día a la vez. Un paso a la vez. Con fe, gratitud y las ganas intactas de seguir viviendo”.

