Reeditaron el cuarto tomo de su poesía completa
Pablo Neruda: amores, militancias y culpas en la etapa final de su vida
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El volumen, que abarca de 1959 a 1968, reúne desde "Cien sonetos de amor" hasta "Memorial de Isla Negra". Reabre el debate en torno a la figura del chileno ganador del Nobel.
(Por Juan Ignacio Novak) - "Matilde, nombre de planta o piedra o vino, de lo que nace de la tierra y dura, palabra en cuyo crecimiento amanece, en cuyo estío estalla la luz de los limones".
La reedición del tomo IV de la "Poesía completa" de Pablo Neruda (1959-1968) por parte de Seix Barral reabre el debate sobre uno de los autores más leídos y discutidos del siglo XX.
El Nobel de Literatura en 1971, premiado por "una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños del continente", atraviesa en este período las búsquedas de un hombre maduro otra vez enamorado, pero que no deja de observar los cambios continentales.
En efecto, el abanico va del canto amoroso a la política, de la autobiografía a la contemplación de la naturaleza, sin esquivar las controversias que, todavía hoy, dividen a sus lectores apasionados y a sus detractores.
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Matilde Urrutia: musa y destino
"Cien sonetos de amor" (1959) abre el volumen con un Neruda que parece estar ante una revelación. La relación con Matilde Urrutia, que en esos años ya era pública, es la materia prima a partir de la cual arma su poética.
Para comprender con más detalle el vínculo entre el poeta y Urrutia, un ejercicio estimulante es revisar la película "El cartero" (1994). Aunque está mostrado en forma lateral, se ve como la relación entre ambos inspira a Neruda.
"Desde hace mucho tiempo la tierra te conoce: eres compacta como el pan o la madera, eres cuerpo, racimo de segura substancia", escribe. El amor aquí no es etéreo, es material, algo que alimenta y sostiene.
En otro soneto, la metáfora es más intensa: "Amo el trozo de tierra que tú eres, porque de las praderas planetarias otra estrella no tengo. Tú repites la multiplicación del universo". Matilde es pan, planeta, raíz y herida.
"Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo y por las calles voy sin nutrirme, callado". Neruda convierte así lo íntimo en épico. Matilde, su musa, dialoga con la geografía chilena.
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Isla Negra: la casa como autobiografía
En paralelo a la exaltación amorosa, el poeta arma un imaginario ligado a Isla Negra, su refugio frente al Pacífico. Allí construyó una casa que también fue su archivo.
En "Una casa en la arena" (1966), Neruda la describe como un espacio donde conviven mascarones de proa, conchas marinas y colecciones insólitas. El paisaje se convierte en una parte de su identidad.
"Mientras la magna espuma de Isla Negra, la sal azul, el sol en las olas te mojan, yo miro los trabajos de la avispa empeñada en la miel de su universo", escribe.
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La voz política
La dimensión política de Neruda se reactiva en estos años con "Canción de gesta" (1960), donde apoya la reciente Revolución Cubana y los procesos emancipatorios del Caribe.
En "Cantos ceremoniales" (1961), el poeta vuelve sobre la historia latinoamericana. Este volumen incluye una elegía a Manuela Sáenz, compañera de Simón Bolívar, a quien rescata para colocarla en el panteón de los héroes revolucionarios.
"Aquí en las desoladas colinas no reposas, no escogiste el inmóvil universo del polvo. Pero no eres espectro del alma en el vacío. Tu recuerdo es materia, carne, fuego, naranja", escribe, al recordar a Sáenz.
Al mismo tiempo, textos como "Las piedras de Chile" (1961) y "Arte de pájaros" (1966) recuperan su costado enciclopédico, la voluntad de clasificar y dar voz a objetos, minerales y especies.
En esa tensión entre la oda y el manifiesto, entre la clasificación y la épica, hay que pensar el "mapa nerudiano" de esa década, la última de su vida.
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Memorial de Isla Negra
Uno de los momentos bellos del tomo es “Memorial de Isla Negra”, escrito en 1964. Allí, Neruda ensaya una autobiografía atravesada por la memoria personal y colectiva. Él mismo lo definió así: "aunque hay un hilo biográfico, no busqué en esta larga obra sino la expresión venturosa o sombría de cada día".
Finalmente, "Las manos del día" introduce una autocrítica: Neruda confiesa su culpa por no haber hecho "cosas concretas y útiles como una escoba o una silla".
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Celebración y controversia
Este cuarto tomo confirma la amplitud de un poeta que cantó al amor con intensidad (el que dude de esto, relea "Veinte poemas de amor y una canción desesperada") y al mismo tiempo hilvanó himnos revolucionarios.
Pero también actualiza las controversias que rodean su figura: desde sus posiciones políticas hasta episodios de su vida personal que generan cuestionamientos.