Previsible goleada de la Selección argentina ante Burkina Faso
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A los 11 minutos, la Scaloneta ya ganaba 3 a 0. La diferencia entre los dos equipos fue abismal y eso le quita absoluta seriedad a un partido que una selección de alto nivel, como la nuestra, no se merece. Fue 7 a 0, paseo y la figura de los africanos fue su arquero. Todo dicho.
Burkina Faso nunca jugó un Mundial, llegó con un sub 23 y sus jugadores viajaron más de 14 horas, llegaron a Ezeiza cinco horas antes del partido y, desde allí, directamente al Monumental a jugar el partido. Poco serio. Papelonesco. Y no es culpa de los pobres muchachos africanos, que fueron ovacionados por la gente cuando ingresaron a hacer el calentamiento precompetitivo. Estas cosas no pueden pasar nunca más.
No sirven, retrasan y le quitan seriedad a una selección, la nuestra, que es la mejor de toda la historia del fútbol argentino. El partido se terminó a los 11 minutos, porque ya a esa altura del primer tiempo, Argentina ganaba 3 a 0. Penal a Giay (muy bien proyectándose), ejecución de Lautaro Martínez, rechazo del arquero y el propio Lautaro que facturó en el comienzo. Luego, Diallo en contra después de un centro de Julián Alvarez y enseguida una definición certera de Prestianni luego de una combinación con Lautaro.
Todo lo que siguió, fue previsible. Burkina Faso no atacó nunca y Argentina, cuando se lo propuso, siguió convirtiendo goles. Un pelotazo notable de MacAllister encontró a otro de los destacados de Argentina (Nicolás Paz) para que defina. Y enseguida, se le abrió el arco a Julián Alvarez: muy buena triangulación con toques de primera en la puerta del área y el toque final de Prestianni (buen primer tiempo) para que Julián se saque la mufa y convierta el 5 a 0.
Fue un paseo, un monólogo de un equipo alevosamente superior a otro. Un partido que fue signado por el papelón desde su concepción y en el que la selección no perdonó. Argentina hizo lo que quiso y jugó el partido con la seriedad que no hubo a la hora de pensar y gestionar esta clase de rivales.
¿Qué debió haber sacado Scaloni como conclusión?, que la dupla Paz-Giay está para seguir trabajándola porque se buscaron y se encontraron reiteradamente. Y que por el otro lado fue bueno lo de Prestianni y suficiente lo de Facundo Medina ante un rival exageradamente débil y sin la mínima dosis de jerarquía. Pero si analizó movimientos e intenciones, el técnico argentino habrá tomado nota de algunas cosas que empiezan a funcionar en la búsqueda de un funcionamiento colectivo al que habrá que trabajar, por primera vez en muchísimo tiempo, sabiendo que la carta principal del mazo (Messi) ya no estará.
Como se veía venir, lo que quedaba para el segundo tiempo eran dos cosas: 1) probar más jugadores; 2) ver cuántos goles más se podían convertir para un partido sin ninguna equivalencia. Ingresaron Balerdi, Tomás Palacios, Flores, Soulé y Mastantuono, sin abandonar la estructura táctica ni, obviamente, la idea futbolística de un técnico que implantó un estilo y se respeta, donde sea y ante quién sea.
Y siguieron llegando Mastantuono definió una muy buena jugada que arrancó con un cambio de frente para Flores, ubicado en el sector izquierdo, para colocar la pelota al claro, la generosidad de Lautaro para entregarle la pelota a Mastantuono adentro del área, mejor ubicado, que definió y puso el 6 a 0, en poco más de 10 minutos, que presagiaba más goles.
Era tan leve, casi inexistente lo de Burkina Faso, que Scaloni sacó a los dos laterales (Giay y Medina), que son defensores, para darle lugar a Simeone y a Nicolás González. Quedó defendiendo con los dos marcadores centrales (Balerdi y Tomás Palacios) y la “colaboración” de los recientemente ingresados, que son jugadores de ataque más que defensa. Y a los pocos minutos, como para seguir abonando a la poca seriedad del partido, salieron los últimos tres (salvo el Dibu) de los que habían arrancado (Enzo Fernández, Lautaro Martínez y MacAllister) para que ingresen el otro Palacios (Ezequiel), Santiago Castro (otro debutante) y Barco.
El paso de los minutos hizo que se advirtiera el lógico cansancio de los jugadores africanos (sobre llovido, mojado). Y Argentina ya era un equipo desnaturalizado por los cambios y que, sin embargo, cuando se lo proponía, generaba una jugada de peligro aprovechando la tremenda diferencia de jerarquía entre los dos equipos.
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Quedó la sensación final de que Argentina no reguló y siguió buscando el arco de enfrente y dominando el partido, primero por respeto a la gente y segundo por ese ADN que imprime Scaloni a este equipo desde siempre y que lo hace serio y competitivo, exactamente todo lo contrario a las características que tuvo el partido. Porque le faltó seriedad y competencia. Lo primero por la desorganización y esta búsqueda inútil de rivales sin equivalencias; y lo segundo, porque desde ese otro punto de vista, el de la competitividad, sirve de nada jugar esta clase de partidos.
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La penúltima ovación se la llevó el Dibu Martínez cuando le dejó su lugar a Rulli. Era el último cambio que faltaba para llegar a las once modificaciones que sumaron puntos a la poca seriedad del partido. Y la última fue de Simeone, que metió el cabezazo en el tiempo de descuento para rubricar el 7 a 0 definitivo. Ni siquiera en un entrenamiento ocurren estas cosas, por más que fue algo que se debe haber modificado (eran ocho los cambios dispuestos) para brindarle a Burkina Faso la posibilidad de cambiar todo lo que pueda y quiera, después de semejante viaje.
