La política en foco
Pullaro y un año para consolidar su posición y pensando en 2027
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Con reformas concretadas y en plena aplicación en la provincia, el gobernador se hace fuerte en la gestión y apoya su discurso en acciones. Pero eso también se proyecta al resbaladizo escenario nacional y la construcción de una alternativa de gobierno.
El gobernador Maximiliano Pullaro inicia un 2026 en el que buscará consolidar su posición a nivel provincial y nacional, sobre la base de una serie de parámetros que expuso en reiteradas oportunidades y que convirtió en rectores de su gestión. Y cuya solidez será puesta a prueba especialmente en los prolegómenos de un nuevo recambio de autoridades de gobierno.
No se trata de una observación forzada. Inevitablemente, el calendario electoral bianual establece postas en el devenir institucional, que en buena medida lo condicionan e incluso acotan. Pero que, sin dejar de operar jamás como puntos de referencia, dejan despejados los períodos intermedios para el desarrollo de políticas no sometidas directamente al influjo de las campañas.
Pullaro viene de un 2025 en el que conjugó ambas dimensiones, y avanzó o recalculó estrategias en atención al resultado de sucesivos comicios. Que atañen, en ambos casos, al plano provincial y al nacional, y también al futuro inmediato.
En territorio
En primer lugar, los guarismos de las elecciones provinciales y para convencionales constituyentes operaron como un fuerte espaldarazo al proyecto encabezado por el gobernador (sin perjuicio del insoslayable ausentismo). Pero, sobre todo, habilitaron reformas institucionales de fondo, que a su vez tendrán efectos políticos concretos y claramente perceptibles.
El triunfo para convencionales constituyentes permitió al frente Unidos tener a tiro una mayoría suficiente para avanzar con las reformas proyectadas en la Carta Magna, situación que fortaleció y elevó con una gestión de consensos que dotó de amplio respaldo a la mayor parte del articulado. Y dentro de él, a la posibilidad de reelección.
Pullaro es el primer gobernador de Santa Fe que tendrá la posibilidad de ser reelecto.
Esta cláusula, coherente con el sistema de representación que rige en casi todo el país, permite que Pullaro sea el primer gobernador de Santa Fe que tenga la chance de renovar su mandato. Y la mera posibilidad en sí misma tiene un efecto sustancial para la gestión.
Esto es porque, a diferencia de sus antecesores, el actual titular del Poder Ejecutivo conservará intacto su poder político, al menos hasta la fecha de la elección. Liberándose así del síndrome del “pato rengo”, esto es, la pérdida de influencia que sufre un dirigente que ya no tiene oportunidad de mantenerse en el poder.
Si se presenta a la reelección, Pullaro no solamente contaría con lo que (al menos hoy) se visualiza con buenas posibilidades, sino también con una herramienta de contención y amalgama para el frente Unidos, capaz de sustraerlo de un previsible proceso de fricciones internas y riesgo de resquebrajamiento.
Por lo demás, un eventual segundo mandato constituiría el cenit de la carrera política de Pullaro. El mandatario santafesino confirmó que no tiene intención de ser candidato a presidente de la Nación y que, luego de su paso (extendido o no) por la Casa Gris, retornará a la actividad privada.
Escenario nacional
Pero a la vez, orientó sus expectativas y esfuerzos a que el espacio Provincias Unidas (recostado en lo que también se bautizó como la “liga de gobernadores”), juegue en la primera línea nacional, disputando el balotaje a Javier Milei en un caso de un intento de reelección.
Pullaro y la apuesta a Provincias Unidas: "No me imagino que la Argentina vuelva atrás".
No es óbice para ello el traspié sufrido en la otra instancia electoral del año pasado, en la que se disputaron cargos para el Congreso de la Nación y donde, como en casi todo el país, La Libertad Avanza se impuso de manera categórica.
Atribuyendo el resultado tanto a la nacionalización de la compulsa y al efecto balsámico del control inflacionario, como al escaso tiempo que Provincias Unidas tuvo para instalarse como opción electoral, Pullaro vaticinó que ello sí ocurrirá en 2027.
Y no por efecto de un “rejunte” ocasional, sino como emergente de un proyecto que constituya una genuina alternativa, productiva y federal, al modelo liberal de Javier Milei y a la concepción “porteño-centrista” que le atribuye.
Un proyecto al que sustrae una hipotética postulación, pero no su empeño. Así lo demuestra su activa participación en la configuración del bloque de la Cámara de Diputados, y también su intervención para posicionar a Leonel Chiarella como presidente de la UCR nacional, frente a opciones más cómodas con la simbiosis libertaria.
Lo que en un esquema genuinamente republicano debería formar parte de las reglas de juego básicas y elementales, en un sistema político sometido a la lógica de “amigos y enemigos” y regido más por el grado de incondicionalidad de las adhesiones que por el debate de ideas y la administración equitativa de intereses, se convierte en un desafío mayúsculo y de resultado incierto.
Hechos y palabras
Puesto en esas lides, Pullaro se apoya en una serie de postulados compatibles entre sí, aunque no necesariamente con las expectativas o el nivel de tolerancia del oficialismo nacional:
- Apoyar políticas y medidas que se consideren necesarias o provechosas, como las tendientes a controlar la inflación, propiciar el déficit cero, dotar de previsibilidad a la gestión de gastos y recursos (presupuesto). Lo mismo aplica al programa de reformas (laboral, impositiva, previsional, penal), pero con las posibilidad de discutir su contenido específico.
- Cuestionar los aspectos del modelo que no contribuyen al desarrollo productivo, como la desatención a la industria nacional, las pymes y la infraestructura vial y energética.
- Reclamar por los fondos, programas y obras que, según entiende, corresponden a la provincia; incluyendo las compensaciones y la deuda de origen previsional.
- Formular, como única concesión ideológica-partidista, el compromiso con el objetivo de que el kirchnerismo (sobre el cuál sí se permite cargar las tintas de la crítica y los cuestionamientos), nunca vuelva al poder.
- Encuadrar cada una de estas pautas en la defensa de los intereses de la provincia, y una impronta de gestión que se materialice en cambios o realizaciones inmediatamente trasladables a la mejora en la calidad de vida de los santafesinos.
Tiempo y lugar
Este credo operativo, aquí sistematizado sobre la base de declaraciones textuales o parafraseadas de Pullaro, otorga sustento conceptual a cada decisión: desde la negativa a liquidar de inmediato los 800 millones de dólares gestionados para obra pública (como le exigió el gobierno nacional), al rechazo del acuerdo sobre la deuda previsional por un monto demasiado inferior al correspondiente.
Y también, a la demora en conceder al ministro del Interior, Diego Santilli, la “foto” que, como muestra de buena intención, sí se sacó con los demás referentes provinciales. Pullaro no busca propinar un desplante al funcionario nacional, con quien tiene buena relación y diálogo efectivo, pero sí ahorrar a los santafesinos la exhibición de una imagen posada y vacía de contenido.
Por lo menos, hasta que lo tenga. Y aquí cobran vigor propuestas como la cesión de inmuebles en desuso o desatención, terrenos o viviendas sin terminar, o las rutas sobre cuyo alarmante estado no deja de advertir.
En el plano interno, objetivos como achicar el déficit de la Caja de Jubilaciones o garantizar el cumplimiento del período lectivo, le generaron más costos políticos que reconocimiento. La renovación de la Corte Suprema de Justicia, aunque no sin fricciones ni cuestionamientos, está encaminada a concretarse, en el marco de una verdadera reformulación del Poder Judicial.
El combate a la inseguridad y la disputa con las organizaciones criminales también tuvo fuertes costos, y generó críticas y tensiones con el gobierno nacional, pero muestra indicadores indiscutibles de un cambio de situación.
De allí viene y hacia allí va este escenario 2026. En un calendario que a algunos efectos se muestra interminable, y a otros frenético, se trata de un año que atravesó el punto de inflexión de la mitad de mandato, y se muestra como la ocasión de completar y apuntalar procesos en marcha. Pero también, como el ineludible prólogo de otros aún en ciernes.

