Tragedia colectiva
Reeditan "Los suicidas del fin del mundo", una clase magistral de periodismo narrativo
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La investigación de Leila Guerriero sobre los suicidios de jóvenes en Las Heras a finales de los 90, vuelve a las librerías en una nueva edición de Anagrama. Indaga en las consecuencias sociales de la privatización petrolera y es un hito de la crónica argentina contemporánea.
(Por Juan Ignacio Novak) - "No sabía mucho de la muerte -como no lo supieron los demás, los otros once- pero el último día del milenio supo que no quería seguir vivo".
Hay libros que cambian la manera en que se escribe. La reedición de "Los suicidas del fin del mundo" recupera una obra fundamental de Leila Guerriero, referencia insoslayable del periodismo narrativo y de la crónica argentina contemporánea.
Publicado originalmente a mediados de los años 2000, el libro vuelve a las librerías en una edición renovada, de la mano de Anagrama. Y reabre -o, mejor dicho, reactiva- una pregunta incómoda: ¿qué pasó en Las Heras para que varios jóvenes decidieran quitarse la vida entre 1997 y 1999?
La respuesta, como demuestra Guerriero, no es bajo ningún punto de vista lineal. Es compleja, como suele ser la vida. Y allí radica su potencia. Sobre todo si se la contrapone con un presente en el que la sociedad argentina parece cada vez más permeable a las consignas simplificadoras.
Anagrama
La crónica que marcó un antes y un después
Hablar de "Los suicidas del fin del mundo" es hablar de un hito en la crónica argentina. No solo por el tema, que de por sí es significativo, sino por el método. Guerriero llega a Las Heras con un puñado de nombres y la convicción de que no existe una explicación simple para una tragedia colectiva.
El libro abre con una escena que abre una trama intrincada: "El viernes 31 de diciembre de 1999 en Las Heras, provincia de Santa Cruz, fue un día de sol", escribe. La precisión, la economía verbal, la construcción de atmósfera: todo está ahí. Mientras el país celebraba el fin del milenio, Juan Gutiérrez, de 27 años, "pendía como un fruto flojo de un cable de la luz, en plena calle".
Esa forma de narrar, seca, directa, sin subrayados innecesarios, marcó un camino para la crónica en la Argentina. Guerriero hace lo que todo periodista riguroso debe hacer: observar, escuchar, preguntar, repreguntar y reconstruir a partir de hechos comprobables.
En un contexto atravesado por la privatización de YPF, el desempleo y la descomposición del tejido social, la autora retrata un pueblo que pasó de la prosperidad petrolera al desamparo.
Archivo / EFE
En esas páginas, el texto documenta cómo la reducción drástica de personal tras la venta de la empresa estatal dejó una ciudad herida. El desempleo trepó y miles de habitantes se fueron del lugar.
En la Argentina de esa época, marcada por la convertibilidad, las reformas estructurales y un modelo que prometía modernización a costa de empleo, las economías regionales quedaron a la intemperie. En el sur, donde el petróleo había sido sinónimo de futuro, la reconversión dejó una sensación persistente de desamparo.
Ese clima, que Guerriero reconstruye con minuciosidad, es el telón de fondo para comprender la tragedia que el libro investiga. Pero también es el espacio donde circulan rumores y se construyen interpretaciones contradictorias por parte de los propios habitantes.
Una referencia obligada
Para quienes hacen crónicas en la Argentina, este libro funciona casi como un manual. No porque enseñe técnicas explícitas, sino porque demuestra que la investigación profunda y la sensibilidad literaria no son incompatibles.
Archivo / Télam
Algo que décadas antes había demostrado el norteamericano Truman Capote con su fundacional "A sangre fría", pero que Guerriero traslada al sur del país, a una geografía y a una crisis propias.
Durante meses entrevistó a familiares, médicos, docentes, funcionarios, pastores y policías. Revisó expedientes, artículos periodísticos, informes de organismos y comunicados oficiales. El trabajo de campo es exhaustivo.
Sin embargo, el libro no se conforma con la explicación que surge de esos documentos. Parte de la convicción de que el periodismo narrativo, cuando es auténtico, no simplifica lo complejo ni ofrece respuestas cerradas.
En tiempos de inmediatez y titulares urgentes, la reedición de “Los suicidas del fin del mundo” vuelve a poner en valor el tiempo largo que exige una investigación seria. Y también la importancia de estar presente en el lugar de los hechos.
Archivo
Ese es uno de los grandes aportes de la obra al periodismo argentino: demostrar que una crónica puede alcanzar la densidad de una novela sin abandonar el rigor documental.
Petróleo, crisis y silencio
El libro reconstruye la historia de Las Heras desde su origen ferroviario. Durante décadas, el pueblo vivió al ritmo de YPF. Con la privatización y la posterior crisis social, ese “paraíso” comenzó a resquebrajarse.
Guerriero describe un territorio de hombres solos, migrantes internos que llegaron desde varias provincias en busca de futuro. Bares, prostíbulos, calles azotadas por el viento y casas donde la televisión apenas ofrece estática.
"En ese pueblo pasan cosas raras", le dice un recepcionista apenas llega. La autora no se burla ni valida la superstición, pero sí la registra. Y al hacerlo, muestra la atmósfera de una comunidad que intenta explicar lo que no logra comprender.
Archivo / Télam
Un clásico de la crónica argentina
¿Por qué reeditar hoy "Los suicidas del fin del mundo"? Porque trata del impacto de las transformaciones económicas en la vida de las personas. Del modo en que una comunidad procesa el dolor. Y, sobre todo, de cómo el periodismo puede narrar lo indecible sin caer en el sensacionalismo.
En un país que todavía discute las consecuencias sociales de las crisis económicas (basta revisar los titulares de cualquier día) el libro adquiere una vigencia renovada. Y para quienes ejercen el periodismo, funciona como faro ético y estético.

