Nuevas pautas
Rosario se suma al etiquetado energético para la construcción
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Tras el éxito de la ordenanza que elevó los criterios de construcción en la ciudad desde 2008, el Concejo avanzó con una nueva norma que incorpora el Etiquetado de Eficiencia Energética al Reglamento de Edificación. El sistema permitirá clasificar viviendas según su consumo y calidad térmica, siguiendo el modelo de Santa Fe y otras ciudades.
(Por Agustín Aranda) - Rosario vuelve a marcar el pulso de la construcción sustentable en el país. El Concejo Municipal aprobó recientemente una ordenanza impulsada por la edil Alicia Pino que incorpora al Reglamento de Edificación (N° 4.975/90) el Etiquetado de Eficiencia Energética de Viviendas, un sistema que clasificará los inmuebles según su consumo energético, de manera similar a las etiquetas que acompañan a los electrodomésticos. Una herramienta que permitirá orientar a personas que quieren comprar o alquilar propiedades.
La iniciativa se enmarca en la Ley Provincial 13.903, que promueve la eficiencia energética en inmuebles y dispone la creación de un Registro de Certificadores habilitados por la Secretaría de Energía de Santa Fe. Según el listado actualizado en septiembre de 2025, la provincia cuenta con más de 190 profesionales registrados, distribuidos en distintas localidades, entre ellas Rosario, Santa Fe, Rafaela y Venado Tuerto.
De la exigencia técnica a la cultura constructiva
El nuevo etiquetado llega en un contexto donde Rosario ya dio pasos decisivos hacia la eficiencia energética. En 2008, con la Ordenanza 8.757, la ciudad incorporó requerimientos higrotérmicos mínimos para toda construcción superior a los 300 metros cuadrados. Esa regulación obligó a utilizar vidrios dobles herméticos (DVH), mejorar las aislaciones y controlar la orientación solar de las fachadas, elevando el estándar general del mercado.
“Lo que pasó con la higrotermia fue exitosísimo —explica Marcelo Mirani, director de obra y socio fundador de un estudio privado—. Más allá del ahorro energético, ayudó a construir mejor la ciudad. El Estado puso requerimientos mínimos que hicieron que todos construyeran mejor. Antes, si hacías algo superior al promedio, quedabas fuera del mercado. Hoy eso cambió: hay un piso común y eso mejora la calidad general”.
Mirani sostiene que el etiquetado viene a visibilizar esa transformación, permitiendo que quienes construyen con mejores materiales y criterios técnicos puedan demostrarlo: “Podés decir que hiciste muchas cosas, pero que un ente verifique o certifique que algo está bien construido es bárbaro. Hasta estaría bueno que fuera obligatorio. No sólo mejora la competencia, también educa al comprador o inquilino”.

Construcción. Foto: archivo
Cómo funcionará el etiquetado en la construcción
La ordenanza prevé que el sistema sea de aplicación optativa para inmuebles existentes o en proyecto, aunque se espera que con el tiempo se vuelva una práctica habitual en el mercado.
La Municipalidad de Rosario deberá reglamentar la norma y conformar una comisión técnica con representantes del Ejecutivo, los colegios profesionales, la Universidad Nacional de Rosario y la UTN Regional Rosario, para definir los procedimientos y planillas modelo.
Cada vivienda recibirá una etiqueta con siete categorías, de la “A” (mayor eficiencia) a la “G” (menor), en función del consumo energético total: calefacción, refrigeración, iluminación y agua caliente. La clasificación permitirá comparar viviendas y orientar decisiones de compra, alquiler o refacción.
En Santa Fe capital y Rafaela, donde la ley provincial ya está implementada, las experiencias muestran que el sistema no sólo impulsa la transparencia del mercado inmobiliario, sino también un ahorro real en los costos de climatización, que puede superar el 30% anual en hogares con buena aislación y orientación solar.
Un cambio cultural y económico
Estas normativas, dice el desarrollador privado, generan un efecto multiplicador: “Cuando todos tienen que cumplir, los precios de los insumos se acomodan. Antes, un DVH era para pocos. Hoy el mercado se adaptó, los proveedores bajaron costos y el estándar se elevó. Es una cadena virtuosa”.
El arquitecto sostiene que el etiquetado no debe verse como una carga, sino como una herramienta económica y ambiental. “Ahorrar energía también es ahorrar dinero. Y cuando la gente empieza a habitar construcciones con mejor confort térmico, se da cuenta de la diferencia. Esa experiencia empuja al resto del mercado”, señala Mirani a Mirador Provincial.
Entonces, la política pública se vuelve un instrumento pedagógico. Al hacer visible cómo está construida una vivienda, el Estado contribuye a formar una ciudadanía más informada y exigente, que ya no busca sólo metros cuadrados sino calidad de vida.
Una referencia nacional
“Rosario está un paso adelante”, dice Mirani y completa: “Lo importante es que ahora el Estado no sólo fija estándares, sino que los comunica. La etiqueta es un lenguaje simple, directo, que traduce el trabajo técnico en información útil para la gente”.
El desafío, según los especialistas, será ampliar la red de certificadores y generar incentivos para que los desarrolladores, propietarios y arrendadores se sumen voluntariamente. En un contexto donde el costo energético crece y la oferta de alquileres es cada vez más escasa, construir mejor y consumir menos puede ser una ventaja competitiva y una necesidad ambiental.

