Rufino: por una educación verdaderamente inclusiva
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Docente Betina Peppino
Por Ana Inés Dobal
El 9 de agosto puntualmente, se conmemora el día de la educación especial en la Argentina. Aprovechamos para profundizar sobre ésta temática que nos interpela a todos para conocer más de la mano de una experta en la temática. Betina Peppino nos invita a aprender, reflexionar y deconstruir, para forjar una educación y una sociedad mejor y para todos.
Betina es docente, referente, especialista y militante de los derechos inclusivos para la vida, quién desde su experiencia y capacitación permanente, profundiza en diálogo con @sur 24 la relevancia de un cambio de perspectiva urgente, en prácticas, políticas y cultura, necesarios para una vida mejor para todos.
En sus redes Peppino compartió el 9 de agosto: “Tenemos grandes desafíos por delante para poder construir colectivamente las mejores condiciones de oportunidad para cada estudiante, eliminando barreras y construyendo los apoyos y ajustes necesarios. Seguimos en el camino de lograr una plena y justa convivencia entre todas las personas generando para ello las transformaciones necesarias que garanticen el derecho a la educación”.
Conmemoración
El 9 de agosto se conmemora el Día de la Educación Especial, la fecha ha sido establecida, a partir de que, en el año 1949, se creara la Dirección de Educación Especial en nuestro país. Con el objetivo de hilar fino y vislumbrar un horizonte más claro en esta temática tan compleja, compartimos éste ping pong.
-¿Por qué es importante visibilizar esta temática?
-Porque está más viva que nunca y al ser una modalidad transversal del sistema educativo cumple un papel muy importante para poder acompañar las trayectorias educativas del estudiantado con discapacidad en un contexto de equidad socioeducativa, basado en el modelo social de la discapacidad, entendido como el conjunto de condiciones que responden a la interacción entre las características de la persona y el contexto social. Asimismo, es importante visibilizar para poner en valor el trabajo de todas las personas que abrazamos la modalidad y el compromiso que asumimos diariamente para garantizar el derecho a la educación.
-¿De qué hablamos cuando hablamos de educación especial, desde tu perspectiva?
-Me parece importante responder a esta pregunta historizando muy brevemente en relación a la temática. Los conceptos, las miradas y posicionamientos se han ido modificando con el paso de los años y atravesaron distintos paradigmas educativos tales como el de exclusión, segregación, integración e inclusión. Esto implicó transitar por momentos socio-históricos en los cuales se pensaba en la “ineducabilidad” de las personas con discapacidad, pasando por la creación de circuitos paralelos de educación para la atención de las personas con discapacidad, la integración de estudiantes con discapacidad en las escuelas “comunes” hasta llegar a la educación inclusiva. Esto supone un cambio rotundo en la forma de ver, pensar y actuar en relación a las personas con discapacidad, desde un modelo médico‐asistencial el cual apuntaba a su “normalización” a un modelo social de la discapacidad donde el eje está puesto en las barreras que el entorno genera limitando la participación plena de las personas con discapacidad. Este cambio de paradigma se ve reflejado en declaraciones, tratados internacionales, leyes nacionales y diversas normativas provinciales. Ahora bien, necesitamos que ese cambio se manifieste también en los discursos y sobretodo en las acciones cotidianas, dentro y fuera de las instituciones educativas.
-¿En qué punto estamos hoy?
En la necesidad de reflexionar y revisar las prácticas pedagógicas cotidianas partiendo de la deconstrucción y desnaturalización de ciertas formas de pensar y actuar que continúan generando desigualdades y exclusiones. Se torna necesario entonces cambiar la “perspectiva” desde la que se piensa, se valora y, en consecuencia, se actúa si es que realmente se quieren generar las verdaderas transformaciones que permitan garantizar el derecho a la educación, una educación que sea inclusiva, equitativa y de calidad. El logro de sociedades más inclusivas comienza con escuelas inclusivas por lo que debemos tener una nueva mirada hacia la diversidad humana.
-¿Qué implica la educación especial hoy?
– En particular, tenemos el desafío de repensar nuestro rol y ser parte del proceso de transformación y refuncionalización de la modalidad trabajando colectivamente para que el derecho a la educación inclusiva esté garantizado para cada estudiante tal cual lo expresan los marcos normativos y especificado en el Art. 24 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el cual es un instrumento de gran transcendencia legal. Cabe resaltar que es un mito que la educación especial vaya a desaparecer, muy por el contrario, está más viva que nunca y queda claro en la normativa actual cuál es su rol. Tenemos mucho más trabajo por delante, pero desde otro lugar, desde otra mirada y desde otro rol. Lo hacemos desde el modelo social de discapacidad (dejando atrás el modelo médico), desde la función de docente de apoyo a la inclusión donde la evaluación que hacemos es pedagógica y ayudamos a construir conjunta y colaborativamente las mejores condiciones para que todos puedan acceder, aprender, participar, progresar y certificar. La identificación y eliminación de barreras a partir de la configuración de los apoyos y el diseño de los ajustes razonables se vuelve indispensable para acompañar las trayectorias educativas.
-¿Que necesitamos, y que falta?
-Necesitamos principalmente de una transformación cultural a partir de derribar barreras actitudinales/ideológicas, despojarnos de prejuicios, preconceptos y miedos por desconocimiento. Necesitamos trabajar al interior de las instituciones educativas en relación a 3 dimensiones para generar las transformaciones: la cultura (esto es los valores y las creencias), las políticas (esto hace referencia a la organización y funcionamiento de la escuela) y en las prácticas (que esos cambios se evidencian en las formas de enseñar y evaluar). Necesitamos un cambio sistémico tal cual lo propone el especialista Gerardo Echeita, esto abarca a las concepciones y actitudes que tenemos los distintos actores que formamos parte de la comunidad educativa y que luego se ven reflejadas en nuestras prácticas. A modo de ejemplo: no podemos modificar las prácticas de enseñanza sin cambiar la forma de evaluar. Son cambios que se tienen que ir dando de manera simultánea para maximizar la equidad.

