La intolerancia ganó la escena
Suspendieron una juntada Therian en Venado Tuerto tras amenazas y mensajes de odio
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La convocatoria abierta terminó frustrada luego de una serie de episodios virtuales que encendieron alarmas y obligaron a priorizar el cuidado de quienes pensaban participar.
Lo que iba a ser un encuentro abierto, pensado desde la convivencia y el respeto, terminó convirtiéndose en una señal de alerta. La primera juntada Therian prevista en Venado Tuerto fue suspendida por sus organizadores luego de recibir mensajes de odio, intimidaciones y amenazas directas, algunas de ellas acompañadas por imágenes de armas enviadas por privado.
La actividad estaba anunciada para el 22 de febrero, en el Parque Municipal y desde la cuenta Therian Venado Tuerto habían remarcado que se trataba de una reunión pacífica, sin banderas políticas, religiosas ni ideológicas, abierta incluso a personas que no se identificaran como Therians. Sin embargo, la escalada de violencia digital obligó a frenar todo.
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“Somos menores y esto es muy grave”
En mensajes posteriores a la suspensión, desde la organización ampliaron los motivos de la decisión y pusieron el foco en un dato sensible: varios de quienes impulsaban la juntada son menores de edad.
“Resulta muy grave que personas adultas se expresen con tanto odio y agresividad en espacios públicos y privados”, señalaron, advirtiendo que lo ocurrido deja en evidencia cuán naturalizado está el discurso de odio en la ciudad.
Según relataron, al inicio hubo comentarios de apoyo y otros tomados como bromas, pero con el correr de las horas el tono cambió. “Se llegó a un punto en el que se empezó a fomentar el odio de forma real, y eso no es algo que podamos ni queramos ignorar”, expresaron.
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Una cuenta creada para atacar
Otro de los hechos que encendió la alarma fue la aparición de una cuenta en redes sociales identificada como “Anti Therians Venado Tuerto”, creada —según denunciaron— exclusivamente para hostigar, burlarse y promover ataques contra quienes integran o simpatizan con este colectivo.
Desde Therian Venado Tuerto remarcaron que esa cuenta fue una muestra clara de cómo el rechazo virtual puede transformarse rápidamente en un escenario peligroso. “Algunos eligen atacar y burlarse en lugar de respetar y dejar vivir a los demás tranquilos”, manifestaron.
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La decisión: frenar antes de que pase algo peor
El comunicado de suspensión fue contundente: no exponer a nadie ni correr riesgos innecesarios. “No queremos arriesgar que ocurra algún hecho de violencia. La intención siempre fue generar un espacio tranquilo, pacífico y respetuoso”, indicaron.
Lo ocurrido interpela más allá de una juntada suspendida. Cuando una expresión identitaria —guste o no, se comprenda o no— debe replegarse por miedo, el problema deja de estar en quienes se reúnen y pasa a estar en el clima que se construye alrededor. El odio que primero aparece como burla, después como amenaza y finalmente como riesgo real, no surge de un día para el otro: se alimenta de la naturalización, del silencio y de la idea de que todo vale mientras sea “en redes”.
Que haya menores involucrados agrava aún más el escenario. No por lo que son, sino por lo que reciben. Porque el mensaje que baja cuando el hostigamiento gana es claro y peligroso: esconderse parece más seguro que expresarse. Y eso no es un problema de un grupo puntual, sino de una comunidad entera que debe preguntarse hasta dónde tolera que la violencia marque los límites de lo posible.
La juntada no se hará. Pero el debate quedó abierto. Y quizás el verdadero desafío empiece ahora: revisar qué lugar se le da al otro, incluso —y sobre todo— cuando es distinto.

