Una junta médica analiza la muerte del rugbier Jerónimo Fernández Bobbio
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El joven santafesino de 18 años falleció en Rosario luego de una complicación durante una cirugía por una lesión en la clavícula. La Justicia busca determinar si hubo responsabilidad médica en el procedimiento.
En el Instituto Médico Legal rosarino se reunió la Junta que tiene como mandato analizar posibles negligencias en la tragedia del rugbier, ocurrida el 29 de julio de 2025, en el Hospital Italiano de la gran ciudad del sur provincial.
Del encuentro participaron la fiscal Valeria Piazza, los médicos forenses del Instituto Médico Legal Néstor Joaquín Cabrejas (director), Alexis Damián Benatti y Rafael Gonzalo Pineda, y el traumatólogo forense Martín Reljich Carafa, además de los peritos de las partes y la defensora del médico que operó a Jerónimo, María Carrara.
Como estaba previsto, en el acto se plasmó el pliego de más de un centenar de preguntas médicas y técnicas que confeccionaron entre todos.
Según trascendió, un elemento de discusión durante la jornada fue el consentimiento informado: ni a Jerónimo, que era mayor de edad, ni a su familia fueron se les explicó con claridad la gravedad ni de los riesgos reales de la operación (en particular, del riesgo de lesión vascular que podía derivar en una hemorragia masiva, lo que finalmente ocurrió).
La familia de Jerónimo asegura que el médico les transmitió una versión minimizada del procedimiento, presentándolo como una cirugía de rutina sin complicaciones esperables.
Por otra parte, desde el entorno de la víctima manifestaron su preocupación porque el especialista que operó al joven contrató como perito de parte a un exdirector del IML de Rosario.
Entre otros temas, las preguntas plasmadas en el pliego refieren a cuál era el diagnóstico y si la cirugía estaba bien indicada frente a un tratamiento conservador; si los estudios preoperatorios alcanzaban para prever el riesgo de lesionar la arteria subclavia o el tronco braquiocefálico; si correspondía tener disponible un cirujano vascular o cardiovascular desde el inicio; en qué momento y por qué maniobra se produjo la lesión vascular durante la operación; si el manejo de la hemorragia una vez detectada fue el adecuado; y cuál fue la causa médica de la muerte y si los profesionales actuaron o no conforme a los protocolos.
La Junta deberá responder todas esas preguntas por escrito tras analizar la historia clínica y demás documentación médica del caso.
Recién cuando ese informe esté completo, las partes evaluarán los siguientes pasos procesales.
Fuentes de la investigación aclararon que se trata de un proceso complejo y requiere de un tiempo considerable.
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La lesión
La fractura de Jerónimo ocurrió el martes 24 de junio de 2025, durante un partido de rugby que el CRAI disputó con CRAR en Rafaela.
Médicos de Santa Fe aconsejaron un tratamiento “sintomático y ortopédico”: antiinflamatorios, inmovilización y reposo.
La luxación esternoclavicular posterior sería la variante más grave en este tipo de lesiones. Poco frecuente, encierra gravedad porque la clavícula se desprende del esternón —a centímetros de la tráquea, el esófago y los grandes vasos— y, si se desplaza hacia atrás, su extremo puede quedar junto al tronco braquiocefálico.
Durante el transcurso del mes siguiente, Jerónimo cumplió las indicaciones a rajatabla y viajó con sus padres a consultar a un traumatólogo con notables antecedentes en este tipo de lesiones en Rosario, quien recomendó la cirugía para poder retomar la práctica deportiva.
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Quirófano
Antes de entrar al quirófano, el lunes 28 de julio de 2025, Jerónimo cantó un rezo —María mírame, María mirame— y le guiñó el ojo a su mamá.
Antes de las 6, pasó por el control preoperatorio, lúcido y orientado en tiempo y espacio.
La intervención se demoró y comenzó aproximadamente a las 8.45. Las luxaciones como la que tenía Jerónimo —de más de 7 a 10 días— son las de más riesgo, porque el cuerpo genera fibrosis (una cicatriz) alrededor del hueso, y esa cicatriz puede pegar el hueso a las arterias cercanas, por lo que si tocas el hueso puedes dañar la arteria. Y eso fue lo que pasó: él empezó a sangrar tanto que el corazón y otros órganos terminarían fallando.
Los doctores pudieron no haber sabido sobre la cicatriz de Jerónimo ni del hueso pegado a la arteria hasta el momento en que sus colegas abrieron a Jerónimo, porque los estudios que ordenaron no lo evidenciaban.
La agonía de Jerónimo también fue la de sus padres en la sala de espera. “Pasamos la peor hora de nuestras vidas abrazados, llorando, rezando, ofreciendo a Dios nuestras vidas y convenciéndonos que esto no estaba pasando”, escribió después la mamá de Jerónimo en su cuenta de Instagram.
La reparación vascular de tronco arterial braquiocefálico inició a las 12 y finalizó a las 14, pero para entonces el estado crítico de Jerónimo era irreversible. Murió al día siguiente, en horas del mediodía.

