Punto de quiebre geopolítico
El ataque de Estados Unidos a Irán marca el colapso del orden post 1945
:format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/iran_1.webp)
Se reflotó un conflicto regional con foco en la tensión entre Israel y la nación persa.
Por Iván Ambroggio (*)
Irán no es un país árabe, a pesar de su ubicación en Oriente Medio y la adhesión al islam. Su población mayoritaria es de origen persa, con una lengua oficial, el farsi, que pertenece a la familia indoeuropea, no al semítico como el árabe. Esta distinción cultural e histórica remonta a la antigua Persia, diferenciándola de naciones árabes como Arabia Saudí o Irak, y ha moldeado su identidad nacionalista, a menudo en tensión con el mundo árabe suní.
El régimen ayatolá surgió con la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah Mohammad Reza Pahlavi, respaldado por Occidente. Liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, estableció una República Islámica teocrática, fusionando chiismo con antiimperialismo. Desde entonces, los intereses en juego incluyen la exportación de la revolución chií, el rechazo al reconocimiento del Estado de Israel y la oposición a la hegemonía estadounidense en la región. Irán ha invertido en un "eje de resistencia" con proxies como Hezbolá en Líbano, Hamas en Gaza y hutíes en Yemen, financiados con cientos de millones anuales para contrarrestar influencias rivales y asegurar su supervivencia ante sanciones económicas.
En términos geopolíticos, Irán domina el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial. Su control permite amenazas de cierre, como las emitidas durante esta crisis, elevando precios del crudo y alterando rutas comerciales globales. Ello multiplica su influencia en la zona, que Washington neutraliza con una fuerte presencia naval en el Golfo Pérsico para garantizar el suministro energético clave a Europa y Asia.
Estrecho de Ormuz (Strait of Hormuz). Brazo de mar angosto entre los golfos de Omán (sudeste) y Pérsico (sudoeste). En la costa norte se localiza Irán y en la costa sur el exclave omaní de Musandam.
Después del ataque de Estados Unidos a Irán, materializado con ayuda de Israel bajo la denominada "Operación Furia Épica", en la que murió el líder supremo Alí Jamenei junto al expresidente Mahmoud Ahmadinejad —figura emblemática del ala dura del régimen entre 2005 y 2013, conocido por su retórica antiisraelí y su rol en la escalada nuclear—, y decenas de altos funcionarios y comandantes militares iraníes, Teherán ha adoptado una estrategia de represalia asimétrica: bombardeos con misiles y drones contra bases estadounidenses en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudí y Jordania, además de objetivos en Israel y ataques que afectaron zonas civiles como Dubái. Esta táctica busca no solo dañar militarmente, sino generar impacto en la opinión pública mundial, retratando a Irán como víctima de agresión imperialista y movilizando simpatías en el Sur Global. Al atacar países árabes suníes, Irán exacerba divisiones sectarias, forzando a estos Estados a condenar la agresión iraní mientras evitan alinearse plenamente con Washington, y amplifica narrativas de inestabilidad regional para presionar por un cese al fuego.
Derecho internacional
Es imperativo examinar si Estados Unidos violó el derecho internacional público.
El artículo 51 de la Carta de la ONU permite la legítima defensa individual o colectiva solo ante un "ataque armado" inminente o en curso, no ataques preventivos como este, motivado por temores nucleares iraníes sin evidencia pública inmediata de agresión.
Sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, la operación carece de base multilateral, evocando invasiones unilaterales pasadas. Además, el presidente Donald Trump actuó sin aprobación del Congreso estadounidense, violando la Cláusula de Guerra de la Constitución (Artículo I, Sección 8), que reserva al legislativo declarar guerras. Esta omisión refleja un patrón de expansión presidencial, pero en un conflicto de esta magnitud erosiona los controles y contrapesos internos del sistema político estadounidense.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Crédito: Reuters/Ken Cedeno
Más grave aún es el bombardeo de objetivos civiles junto a objetivos militares. Los ataques destruyeron más de mil sitios en Irán, incluyendo infraestructuras en Teherán y otras ciudades, causando al menos 555 muertes (muchas civiles), según reportes de la Media Luna Roja iraní. Instalaciones nucleares como Natanz y Fordo fueron supuestamente golpeadas según Irán, generando preocupación por fugas radiológicas, aunque el OIEA indica hasta ahora no haber detectado daños ni elevación de niveles radiológicos.
Aunque Estados Unidos alega precisión, los impactos en áreas pobladas violan el principio de distinción del Derecho Internacional Humanitario (Protocolo Adicional I de los Convenios de Ginebra de 1949).
Punto de quiebre
Este enfrentamiento marca el final del sistema internacional concebido tras la Segunda Guerra Mundial, anclado en la ONU y el multilateralismo para prevenir guerras. La acción unilateral de Estados Unidos, respaldada por Israel, pero condenada por China (que exige cese inmediato de hostilidades) y con respuestas tibias de Europa, revela un orden fracturado. Rusia y China fortalecen alianzas alternativas, mientras el "eje de resistencia" iraní se debilita con pérdidas acumuladas como las de Hassan Nasrallah (líder histórico de Hezbolá desde 1992 hasta su asesinato por Israel en septiembre de 2024) y otros líderes clave. Emerge una nueva era multipolar, dominada por bloques rivales, ciberataques y guerras proxy, donde la soberanía estatal cede ante el realismo político. Con expansión a diez países hasta ahora, este conflicto acelera la erosión de normas globales, augurando inestabilidad prolongada en energía, migración y seguridad nuclear.
Un portarretratos del ayatolá Alí Jameneí tras su muerte. Crédito: Reuters/Ramil Sitdikov
En suma, mientras Irán intenta dar pasos tácticos de represalias, la incertidumbre estratégica —sucesión post Jamenei agravada por la eliminación de figuras como Ahmadinejad y aislamiento regional— lo deja vulnerable. Es factible que, en términos de defensa, Washington haya logrado su objetivo militar de máxima: descabezar la cúpula del régimen iraní. Nada hace pensar que reconsiderará su enfoque para evitar repetir las experiencias traumáticas de Irak y Afganistán.
En medio de tantos intereses, recursos estratégicos y muertes, el mundo observa despavorido cómo esta ola de violencia se convierte en el prólogo de un reordenamiento global irreversible.
(*) Analista internacional, especialista en Defensa, docente de Ciencia Política.

