Tiempo de resistencia
El valor de defender causas perdidas
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"Han comenzado tiempos difíciles para los que creemos que vale la pena recuperar valores humanistas, fortalecer principios sociales y desarrollar políticas que estimulen la fraternidad", afirma el autor.
Por Ramiro Huber
Podemos afirmar que una "causa perdida" es una situación, una meta o un proyecto que, a la vista de la mayoría, no tendrá éxito ni mejorará, a pesar de los esfuerzos invertidos o la ayuda ofrecida. Defender una causa perdida implica enfrentar batallas sin demasiada esperanza o llevar adelante emprendimientos que parecen destinadas al fracaso.
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Es lógico entonces que la inmensa mayoría de las personas se sienta desesperanzado o desilusionado frente al desafío de defender una “causa perdida”. Sin embargo, el destino de las cosas no está determinado de manera inflexible y eterna. Siempre existe la posibilidad de cambiar su rumbo y evitar el destino fatal de una idea, el fracaso de un proyecto o el cambio de un paradigma cultural, económico o social.
Han comenzado tiempos difíciles para los que creemos que vale la pena recuperar valores humanistas, fortalecer principios sociales y desarrollar políticas que estimulen la fraternidad.
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Esta ola libertaria, cargada de valores individualistas, de principios competitivos y no colaborativos, de favorecer a quienes más poder tienen en lugar de proteger a los más vulnerables, de cambios radicales y violentos sin importar las historias de vida de aquellos jubilados y trabajadores que van quedando por el camino, legitimados por el voto popular y con una oposición política endeble, fragmentada, dispersa y ausente, se ha transformado en hegemónica y dominante.
En este escenario tan dificultoso, la consigna popular debe ser la de no claudicar ni rendirse ante el poder hegemónico de este ultraliberalismo dominante. Por el contrario, debemos comprometernos en la defensa de las causas perdidas.
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El cuidado del medio ambiente, las políticas sociales que protejan a los más vulnerables, la defensa de la soberanía, la recuperación de la industria nacional, conservar los derechos de los trabajadores, garantizar la salud para todos como un derecho, fortalecer la educación pública como nivelador social, promover el desarrollo argentino de la ciencia y tecnología, apoyar al arte y la cultura en todo el país; y tantas otras causas que hoy parecen perdidas, deben ser defendidas, hasta que en un plazo de tiempo, la sociedad en su conjunto, sin volver al pasado pero tampoco por ello aceptando mansamente este modelo, pueda encontrar una construcción política que garantice una mejor vida, para todos los que habitamos este bendito país.
Es el tiempo histórico que nos toca transitar, de resistencia y también de construcción, de rescatar algo de lo pasado, pero caminando hacia el futuro, de juntarse activamente y de no renunciar a la defensa de las causas perdidas.

