Infancia y salud
Enfermeras que amplían roles en la atención de la salud
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La línea que separa el rol médico del rol de enfermería es cada vez más delgada, y cada vez más enfermeras pueden asumir tareas que suelen hacer los médicos, y así se hace un equipo más eficiente.
Por Jorge Bello
La experiencia de numerosos hospitales propone plantear la sustitución de un médico por una enfermera en ciertas actividades asistenciales del hospital. Los resultados indican que la diferencia es mínima o nula, o que incluso parece ser mejor en algunos casos. Esto es una alternativa para solucionar una supuesta falta o, mejor, mala distribución de médicos.
El concepto de "médico" se refiere aquí tanto a médicos como a médicas, y "enfermera" designa por igual a enfermeras y enfermeros. Y el concepto de "sustitución de un médico por una enfermera" quiere decir que un profesional de enfermería, formado y entrenado para una tarea en concreto, sustituye al médico que hace esa misma tarea de manera habitual.
Las tareas en que se demostró que una enfermera puede ser tan competente como un médico en la labor hospitalaria son estas: elaboración de la historia clínica, examen físico, pedido e interpretación de análisis y de otros estudios, valoración del pre-operatorio y de la recuperación post-quirúrgica, repetición de recetas, educación sanitaria del paciente y de su familia, y apoyo sicológico.
El objetivo de esta sustitución es doble. Por un lado, acelerar los procesos asistenciales, atender antes, acortar los tiempos de espera. Y, por otro lado, dado que los médicos, sobre todo los especialistas, son escasos o están mal distribuidos, hacer que se dediquen a los casos más complejos y dejen lo más sencillo, y que esté bien protocolizado, en otras manos igual de competentes.
Alguien podrá pensar que esto provocaría rechazo, malas prácticas, errores u omisiones, o falta de confianza en la enfermera, pero la experiencia indica que no es así. Se trata de la experiencia (*) de más de 80 hospitales, la mayoría europeos (sobre todo ingleses y holandeses), pero también de hospitales de China, Bangladesh, Etiopía, Irán, México, Nepal, Nigeria y Uganda.
Hay que resaltar que las citadas experiencias proceden tanto de países desarrollados como de aquellos que no lo son tanto. El objetivo, en efecto, no es ahorrar dinero ni hacer frente a recortes presupuestarios, sino mejorar la atención optimizando el personal disponible.
Un grupo de investigadores de Irlanda reunió las experiencias en que una enfermera sustituye a un médico en determinadas labores asistenciales de hospital, y las revisó con riguroso criterio científico. El resultado es una revisión en profundidad que el mes pasado publicaba la prestigiosa fundación y biblioteca Cochrane.
Cochrane es una organización sin fines de lucro que agrupa investigadores voluntarios de más de 130 países, y es muy conocida por el rigor que aplica en todos los temas médicos que analiza en profundidad. El informe de la revisión que comento está publicado en inglés y en castellano, y es gratis. Se trata de no basarse en opiniones o prejuicios sino en información objetiva.
Las conclusiones, insisto, se refieren a que una enfermera adecuada puede reemplazar al médico en ciertas rutinas de la labor hospitalaria, y que puede hacerlo con suficiente solvencia y destreza profesional. Sabiendo esto se ha propuesto que estos criterios de sustituir un profesional por otro se aplique también a la atención primaria, donde esta sustitución sería incluso más necesaria.
La atención primaria tiene la máxima importancia porque es acá donde se atiende a la gran mayoría de los pacientes y donde se resuelven o se controlan la gran mayoría de los problemas de salud. Y porque una atención primaria que funciona bien descongestiona la guardia de sanatorios y hospitales.
La atención primaria de Santa Fe comprende un sector público y un sector privado o concertado con obras sociales, prepagas, etc. En conjunto, el sector público atiende a un tercio de la población.
En cuanto al conjunto de niños y adolescentes argentinos, más de la mitad (57,5%) no tiene obra social, y por tanto debe recibir atención médica y de enfermería en el sector público. En cuanto a la población de nivel socio-económico bajo, casi el 90% carece de obra social.
Por ejemplo: pasé hace poco por un centro de salud del sector público, no diré cuál, y comprobé que la atención de pediatría se ofrece sólo de lunes a jueves, y en horario de sólo hasta las once de la mañana. Esto quiere decir que si un niño del barrio tiene fiebre un jueves a las once de la mañana, debe esperar hasta el lunes a primera hora, y ver entonces si lo atienden.
O bien puede ir a la guardia del hospital, con todo lo que esto implica, aunque lo más probable es que esa fiebre y la enfermedad que la motiva se hubieran podido diagnosticar y controlar adecuadamente en la atención primaria. Esta es una situación mil veces repetida, y que merece reflexión, y luego corrección.
Voto en contra de la salud mental
Cada vez vemos todos más claro que la salud mental, en particular la infanto-juvenil, tiene más importancia de la que recibe. Esta salud mental incluye aspectos tan graves como las adicciones, a drogas y a pantallas, el acoso escolar y el ciberacoso, la soledad no deseada, la depresión y el suicidio, y tal vez la violencia cotidiana.
No obstante, Argentina votó en contra de una Declaración oficial que busca promover la salud mental y el bienestar emocional así como la prevención de enfermedades como la obesidad. Ciento setenta y cinco países votaron a favor, y sólo un país se abstuvo (ni sí ni no: Paraguay). Y dos países votaron en contra: Argentina y Estados Unidos.
Es decir, la voluntad de sumisión parece haber sido más importante que la salud de los argentinos. Este es el resultado de la votación llevada a cabo el pasado 15 de diciembre en la Cuarta reunión de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles y la promoción de la salud mental y el bienestar.
Este voto en contra, y contrario al criterio de casi todos los otros países del mundo, nadie nos lo explicó. No recibimos ninguna explicación razonable. Ni despertó suficiente interés y debate en los medios masivos de comunicación.
Entre otras cosas, la Declaración propone la formación de profesionales de enfermería y de médicos de familia para atender a los problemas de salud mental que afectan a la comunidad, porque ya se sabe que hay pocos siquiatras y sicólogos realmente disponibles, y no alcanzan, o no están, o son demasiado caros, o están mal distribuidos, o no quieren.
Argentina votó en contra, una vez más, y esto nos avergüenza, y otra vez quedamos al margen. Es evidente, por lo tanto, que necesitamos ideas nuevas, necesitamos innovar, necesitamos revisar la forma de pensar y de actuar, y de gastar, porque todo lo que hacemos, al menos en cuanto a salud, no está del todo bien hecho, a la vista está, y puede ser hecho de una manera mejor.
(*) "Substitution of nurses for physicians in the hospital setting for patient, process of care, and economic outcomes" / "Sustitución de personal médico por personal de enfermería en el ámbito hospitalario sobre los desenlaces del paciente, el proceso asistencial y económicos" / Cochrane, 12/02/26.

