A 188 años de su fallecimiento
Los últimos días del Brigadier Estanislao López
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En el aniversario de su muerte, se rememoran los últimos días del líder santafesino, quien enfrentó una grave enfermedad mientras mantenía su rol político.
Por Julio Rodríguez
En el 188° aniversario del fallecimiento de Estanislao López, enmarcado en los doscientos cuarenta años de su natalicio y del jubileo por los ochocientos años de la muerte de San Francisco de Asís, repasamos los últimos días del gobernador santafesino. Estanislao López murió el viernes 15 de junio de 1838 a las cuatro y media de la tarde, en su lecho, enfermo de tuberculosis.
Casi dos años antes, en julio de 1836, había asaltado una toldería de los indios mocovíes en el Gran Chaco, bajo un frío intenso y lluvia torrencial, con el saldo de la muerte de uno de sus soldados y un resfrío que fue empeorando con "dolor de cintura, fiebre intermitente y carraspera tenaz". El diagnóstico de su suegro, el doctor Manuel Rodríguez, fue contundente: severísima tisis pulmonar.
A fin de año, el caudillo santafesino le había confesado a Juan Manuel de Rosas: "Una nueva designación al frente de la provincia, por otro período de cuatro años, pone en peligro mi vida". Rosas, consecuentemente, invitó a López a Buenos Aires, para tratar la curación con el doctor James Lepper, de absoluta confianza en su círculo.
Para el verano siguiente, una comitiva integrada por López, su familia y el cura vicario José de Amenábar, fue recibida por cinco mil jinetes y aclamados por 25 mil personas en las calles de la capital, dándole los honores de jefe de Estado y alojándose en el Fuerte como huéspedes de honor.
Su salud se agrava
El facultativo irlandés le suministró unas píldoras y dieta rigurosa. Al regreso, el Brigadier evidenció una leve mejoría, guardando reposo en su estancia de Colastiné.
Sin embargo, con los fríos del otoño, López desmejoró notoriamente su salud y regresó a Santa Fe, disimulando los males, paseando en galera por la ciudad -ya casi no podía montar a caballo-, acompañado del sacerdote trapense Luis Graupera y el franciscano Fray Agustín Alvarado. Y como rememorá el historiador Leoncio Gianello:
"Otras veces, en las tardes perfumadas de azahar y de jazmín, se allega hasta el viejo convento de San Francisco y, puesto sobre la casaca el escapulario y ceñido al lado de la espada autoritaria el cíngulo de la obediencia, deja resbalar entre sus manos, como redondeles de cielo las cuentas del Rosario, y piensa en la hora ya vislumbrada del reposo postrero (…)".
El sábado 9 de junio de 1838, un fuerte resfrío atacó su cuerpo débil y la salud se fue agravando hasta el día 14, cuando su esposa, Josefa Rodríguez del Fresno, recurrió a un grupo de médicos de Paraná, escribiéndole una misiva posterior a Rosas.
En dicha carta le comunica que López "recibió esta indicación con la serenidad más consolante y prometió hacerlo; nosotras todas ya no tuvimos sosiego, a pesar de que una engañosa esperanza nos consolaba todavía. Se le suministraron cuantos medicamentos se mandaban, prestándose a todo con la mayor docilidad".
Definen su sucesión
A la una de la mañana del viernes 15, el padre Amenábar fue llamado de urgencia por la familia del gobernador, proporcionándole la extremaunción. El Brigadier "en medio de la fuerte fatiga verificó su confesión y recibió los demás auxilios de nuestra religión con toda resignación y recogimiento de su corazón".
En ese ínterin, el vicario -que también presidía la Legislatura- llamó a sesión extraordinaria para definir el sucesor de López. Estando Domingo Cullen en Buenos Aires, fue nombrado el vicepresidente José Elías Galisteo, como gobernador interino.
Por la tarde, el vicario regresó a la casa de López donde se desgranaban los misteriosos dolorosos del Santo Rosario, reinando piedad y resignación ante el desenlace inminente, mientras que, en su lecho, el gobernador testeaba:
"Yo, el brigadier general de la República Argentina, gobernador y capitán general de la provincia de Santa Fe, Estanislao López, hallándome gravemente enfermo, pero por la misericordia de Dios en el cabal uso de mis sentidos y potencias, por el presente instrumento, y en aquella vía y forma competente a las prerrogativas que disfruto (...)".
El Brigadier no pudo terminar de firmar el poder que completó Amenábar. Su esposa se había retirado de la habitación por orden suya, "evitándole el dolor". Enterándonos los pormenores en el mencionado escrito al gobernador de Buenos Aires:
"(…) cual sería el dolor que ha debido causarme una pérdida tamaña, pues yo jamás podré explicársela; mis ojos son demasiado pequeños para derramar por ellos todas las lágrimas con que debo llorar a mi López, y mi dolor será eterno".
Doblan las campanas
Estanislao López falleció en una de las habitaciones contiguas al primer patio. Su familia amortajó el cadáver con el sayal marrón franciscano, orden que había profesado en 1823 y, un rato después, se presentó la Compañía de Infantería de Línea para hacer guardia, con inconmovible luto.
La siesta santafesina fue interrumpida con el doblar de campanas de las cuatro Iglesias anunciando al pueblo la triste noticia y un disparo de cañón, salido de la Fortaleza se repitió cada cuarto de hora. Ignacio Crespo Rodríguez del Fresno, quien gobernó la provincia entre los años 1910-1912, hijo del también exmandatario, Domingo Crespo, recordó la noticia.
"Estaba en la escuela cuando retumbaron los cañonazos de todos los templos de la ciudad, el señor Francisco Álzaga suspendió en el acto las clases, subió al entablado y con voz turbada por la emoción de su corazón agradecido y oprimido de tristeza; nos dijo que era un gran hombre el que acababa de perder Santa Fe".
Exequias
Al anochecer, se colocó el ataúd con las insignias de general en la iglesia de la Merced -actual Compañía de Jesús-, guardándose por centinelas que custodiaron la tumba hasta el día siguiente, cuando por la mañana, se ofició la Misa solemne de cuerpo presente, vigilia y responso.
A las tres de la tarde, comenzó el cortejo conducido por el Batallón de Cívicos, la Guardia de Honor y el Regimiento de Caballería, especialmente llegado desde la Frontera.
El féretro fue llevado a pulso por el gobernador Galisteo y la familia del gobernador, secundados por las autoridades de la provincia, un nutrido grupo de clérigos, religiosos y una multitud de pueblo nunca antes vista, acompasados de catorce pozas, quienes despidieron a su jefe y patriarca.
La iglesia San Francisco se hallaba cubierta de negros crespones en cuyo centro había alzado un catafalco alumbrado por lámparas funerarias y un letrero alusivo a las victorias ganadas por el Brigadier. El cortejo llegó allí y el padre Amenábar, cubierto por dos dalmáticas, cantó el oficio mayor de difuntos y al caer la tarde, con las tres Ave María, la ciudad quedó en silencio.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos en el año del 240° Aniversario del nacimiento del Brigadier General Estanislao López.

