Más allá del aumento: ¿qué sucede con el costo de la energía para las empresas?
:format(webp):quality(60)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/energia.webp)
El debate sobre las recientes facturas eléctricas expuso un problema que va más allá de los aumentos. La volatilidad del costo de la energía y los cambios regulatorios obligan a las empresas a dejar atrás viejas formas de administrar este recurso y adoptar una mirada más estratégica.
Por Daniel Franzoy (*)
En los últimos días volvió a instalarse el debate sobre las fuertes subas que enfrentan industrias y comercios santafesinos en sus facturas de electricidad. Desde el gobierno provincial se informó que algunos conceptos incorporados por la Resolución Nº 976/2023 registraron incrementos cercanos al 500% entre las facturas de abril y mayo, generando preocupación en el sector productivo.
La magnitud de esos aumentos merece ser atendida. Sin embargo, si queremos comprender qué está ocurriendo, es necesario ir un paso más allá de una resolución específica. El verdadero cambio es que el mercado eléctrico argentino comenzó una transición hacia un esquema donde los grandes usuarios afrontan cada vez más el costo real de abastecerse de energía.
Ese cambio no responde a una única norma. La Resolución Nº 976/2023 incorporó mecanismos para trasladar determinados costos del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) a los Grandes Usuarios de Distribución (los GUDI), mientras que la Resolución Nº 400/2025 profundizó el proceso de normalización del mercado eléctrico, promoviendo una mayor contratación a término entre generadores y grandes consumidores.
En conjunto, ambas resoluciones forman parte de un mismo proceso: pasar de un mercado con precios ampliamente estabilizados a otro donde las señales económicas tienen un mayor peso en la determinación del costo de la energía. Durante muchos años, buena parte de los costos de generación permanecieron amortiguados mediante subsidios y distintos mecanismos regulatorios.
Como consecuencia, la mayoría de las empresas gestionaban la energía poniendo el foco casi exclusivamente en reducir el consumo. Hoy ese escenario comenzó a cambiar. La factura eléctrica ya no depende únicamente de cuántos kilovatios por hora consume una empresa. También refleja, en mayor medida, cuánto cuesta producir esa energía en el MEM, costo que puede variar significativamente.
Durante el segundo trimestre de 2026, el precio spot de la energía mostró una marcada tendencia alcista. Luego de ubicarse en torno a los 64,6 USD/MWh en marzo y 72,8 USD/MWh en abril, aumentó hasta aproximadamente 139,8 USD/MWh en mayo y alcanzó los 183,1 USD/MWh en junio. Este comportamiento estuvo influenciado por el incremento del costo de los combustibles para generar electricidad:
- El gas natural experimentó una suba en su precio internacional. Además, durante los meses fríos, el gas local se vuelve prioridad para la calefacción de los hogares. Por lo que es necesario abastecerse de gas natural licuado (GNL) importado para cubrir la producción de electricidad que cuesta entre cinco y seis veces más que el gas local.
- Los combustibles alternativos (derivados del petróleo) también sufrieron un aumento en su precio internacional. El barril de petróleo pasó de 70 USD/barril en febrero (pre conflicto Estados Unidos-Irán) a 117 USD/barril en abril.
En este escenario, los conceptos incorporados en las facturas de los Grandes Usuarios no deberían interpretarse como aumentos aislados o arbitrarios. En gran medida, representan el traslado de costos que hoy reflejan con mayor fidelidad el funcionamiento del MEM.
De gasto operativo a variable estratégica
En otras palabras, la discusión no pasa únicamente por una resolución, sino por un mercado que comenzó a trasladar de manera más directa el costo real de la energía. La discusión, entonces, no debería limitarse a cuánto aumentó una factura durante un determinado mes.
La verdadera pregunta es cómo pueden prepararse las empresas para operar en un mercado donde el costo de la energía será cada vez más variable. Frente a este escenario, la gestión energética adquiere un papel estratégico.
Puede interesarte
Comprender la composición de la factura, analizar los distintos cargos regulatorios, revisar la potencia contratada, optimizar la demanda, evaluar alternativas de abastecimiento, estudiar la conveniencia de operar como agente del MEM cuando corresponda e impulsar proyectos de eficiencia energética dejan de ser acciones orientadas únicamente a reducir el consumo.
Pasan a formar parte de una estrategia para administrar el riesgo asociado al costo de la energía. En otras palabras, la energía dejó de ser simplemente un gasto operativo para convertirse en una variable estratégica que puede afectar directamente la competitividad de una empresa.
Aquellas empresas que continúen administrando la energía con los mismos criterios de un sistema que ya no existe, en un contexto regulatorio y económico completamente diferentes, probablemente se encuentren cada vez más expuestas a aumentos que no logren anticipar ni explicar.
En cambio, las organizaciones que comprendan cómo funciona el nuevo mercado eléctrico, incorporen información para la toma de decisiones y gestionen activamente su estrategia energética estarán en mejores condiciones para proteger su competitividad.
(*) El autor es consultor en Estrategia y Eficiencia Energética Industrial.
¿Qué es el MEM?
En Argentina, el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) es el ámbito institucional donde los generadores, transportistas y distribuidores de energía comercializan bloques de electricidad. Su operación técnica y comercial es administrada por la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (o Cammesa), bajo un proceso de normalización hacia esquemas de competencia por oferta y demanda.

