Un Bicentenario olvidado
Sobre el mito del primer Presidente y el "Sillón de Rivadavia"
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El Congreso de Buenos Aires creó un Poder Ejecutivo Nacional ilegítimo en 1826, designando un jefe de Estado sin consultar a las provincias, violando la Ley Fundamental.
(Por Alejandro Damianovich) - El 6 de febrero de 1826, un Congreso reunido en Buenos Aires creaba un "Poder Ejecutivo Nacional" que sería desempeñado por un "presidente". Al día siguiente, designaba como tal al ciudadano Bernardino Rivadavia, conocido por su actuación como secretario del Primer Triunvirato, diplomático y activo ministro del gobernador Martín Rodríguez. Unitario declarado, pertenecía al grupo que desde los inicios de la revolución aspiraba a dominar al país desde Buenos Aires.
"Presidencia" ilegítima
Se consideró ilegítima la creación de este Poder Ejecutivo Nacional, porque el Congreso que lo instituyó no poseía facultades para hacerlo antes de dictar una Constitución que fuera aprobada por las provincias. Así lo establecía la llamada "Ley Fundamental" del 25 de enero de 1825, en cuyo artículo 3º disponía que hasta la promulgación de la Constitución Nacional las provincias se regirían por sus propias instituciones, y el Gobernador de Buenos Aires (art. 6ª) representaría al conjunto ante el extranjero.
Si bien es cierto que la Liga de Provincias se encontraba en guerra con el Imperio de Brasil por la cuestión de la Banda Oriental y se requería por lo tanto una conducción centralizada, esta función podía desempeñarla el gobernador de Buenos Aires, General Juan Gregorio de Las Heras, héroe de las guerras por la independencia que ya había reunido más de 6.000 hombres en la frontera del Uruguay y que, además, era quien había convocado al Congreso.
No fueron suficientes los argumentos expuestos por diputados federales para evitar que se violara la Ley Fundamental y se creara un Poder Ejecutivo Nacional permanente. Juan Ignacio Gorriti advirtió que el Congreso se apropiaba de atribuciones y prerrogativas que ninguna ley preexistente le confería. El proyecto fue presentado el 28 de enero y aprobado el 6 de febrero. Al día siguiente, Rivadavia era designado "presidente" de un Estado Nacional inexistente, por un Congreso con mayoría porteña, ya que las provincias no habían podido enviar los nuevos diputados habilitados por una ley que apuntaba a duplicar su número.
Rechazos provinciales a la "presidencia"
La primera consecuencia de esta designación alertó seriamente a los gobiernos soberanos de la Liga. El 4 de marzo dispuso el Congreso la capitalización de Buenos Aires. Llama la atención que Las Heras no resistiera semejante atropello a la soberanía de su provincia y no disolviera el Congreso con un simple piquete de su escolta. Pero la Legislatura de Córdoba desconoció la medida el 11 de julio, y dispuso a los pocos días la remoción de los diputados que hubieran apoyado la creación del Ejecutivo Permanente y la capitalización de Buenos Aires.
Las violaciones a la "Ley Fundamental" pronto dieron lugar a la resistencia armada, encabezada en el interior por el riojano Facundo Quiroga. La guerra comprometió a las provincias de Tucumán, Catamarca, San Juan, Mendoza, Salta y La Rioja y fue una reacción frente al levantamiento unitario del general La Madrid que depuso al gobernador de Tucumán y desató el conflicto. Había sido enviado por el Congreso para alistar tropas provinciales en medio de la guerra con Brasil, pero se alzó con el gobierno de Tucumán ni bien contó con un número respetable de fuerzas.
Con la capitalización de Buenos Aires desaparecían sus instituciones y Rivadavia pasaba a ser su virtual gobernador. Las facultades que se le conferían provisoriamente como "presidente" en el artículo 6ª de la Ley respectiva, hasta tanto se fijaran las definitivas en el texto constitucional, eran las mismas que ya cumplía Las Heras y cumplirían luego Dorrego y Rosas, en tanto gobernadores de Buenos Aires.
Santa Fe, el Congreso y la "presidencia"
Desde Santa Fe se observaba atentamente el curso de los sucesos ocurridos dentro del Congreso. En un primer momento representó a la provincia el Padre José de Amenábar, y bastante después se le sumaron José Elías Galisteo y Francisco de la Torre. Como Amenábar pidió que se le permitiera regresar a asistir a su Parroquia, se vio que no había en Santa Fe personas con una formación jurídica equivalente. No prosperaron los nombramientos de Tomás de Anchorena, Domingo Zapiola o Mateo Vidal y finalmente, se completó el cupo de tres diputados con Pedro Pablo Vidal el 4 de abril. Estas demoras debilitaron la representación santafesina en el Congreso cuando se dictaron las controvertidas leyes de "Presidencia" y de "Capitalización" del 6 de febrero y el 4 de marzo.
Los nuevos diputados santafesinos respetarían las instrucciones que había llevado Amenábar, similares a las que en 1815 había recibido el doctor Pascual Diez de Andino como diputado al Congreso de Arroyo de la China. En ellas se indicaba preservar la soberanía e independencia de las provincias para que se reunieran en confederación. La Constitución que surgiera no podía tener otros alcances.
Una vez instalados en sus bancas, los diputados de Santa Fe se opusieron a los proyectos rivadavianos de creación del Banco Nacional y de Enfiteusis, ya que avanzaban sobre las soberanías provinciales cuando todavía no se dictaba una Constitución Nacional. El 19 de junio informaban sobre las posiciones cambiantes de los diputados de otras provincias, denunciando las presiones y halagos que el "Ejecutivo pretendido Nacional" ejercía descaradamente sobre los indecisos, distribuyendo cargos y prebendas.
Mientras tanto, Estanislao López había sido reelecto gobernador de la Provincia y jurado ante la Legislatura el 19 de febrero. Prometió defender "la integridad y derechos de la República de la Unión y los particulares de esta provincia", en plena guerra con Brasil y en medio del debate nacional que reflejaba el Congreso.
El rechazo de la Constitución unitaria de 1826
Finalmente, el Congreso sancionó la Constitución Nacional el 24 de diciembre de 1826. Adoptaba como sistema de gobierno el republicano y representativo, "consolidado en unidad de régimen". Algunas provincias la rechazaron a libro cerrado, pero en el caso de Santa Fe fue analizada por una comisión y desestimada el 8 de mayo por unitaria, contraria al proyecto de país alentado desde Santa Fe y por no garantizar la preeminencia de la Religión Católica. Lo hacía después de señalar que el Congreso ya había salido "del círculo de sus atribuciones" al establecer la presidencia permanente, la capitalización de Buenos Aires o la creación del Banco Nacional.
Se declaraba a la provincia fuera del Congreso, se disponía el cese de sus diputados y se garantizaba que continuaría sin cambios la participación santafesina en la guerra con Brasil y en la defensa del territorio.
Poco después, el 27 de junio, totalmente desprestigiado por el rechazo de la Constitución y las vergonzosas negociaciones diplomáticas con Río de Janeiro que entregaban a Brasil la Banda Oriental, renunciaba Rivadavia a una "presidencia" a todas luces ilegítima y que nunca llegó a ser constitucional.
Faltaban todavía muchos años para que, el 5 de marzo de 1854, asumiera el General Justo José de Urquiza como primer presidente de la República Argentina en esta ciudad de Santa Fe donde se acababa de constituir el Estado Nacional bajo el sistema republicano, representativo y federal. Pero la tradición liberal centroporteña soslayaría la preeminencia del entrerriano e instalaría el mito de aquel "primer presidente" y del "sillón de Rivadavia".
El Congreso no fue del todo estéril, ya que dejó testimonio de los profundos debates sobre el formato institucional de un Estado Nacional a construir.

