Crónicas ligeras
Spagnuolo, ese singular amigo de Milei
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I
Diego Spagnuolo ha logrado instalarse en el centro de la atención pública. Si se lo propuso o no, no lo sé, pero en estos días el hombre dispone de una ruidosa y bien ganada fama gracias a las virtudes de unos audios de misterioso origen. En menos de dos semanas el caballero alteró el ritmo de una campaña electoral bastante pobre y que no necesita de escándalos especiales para alterarse. En la ocasión, Spagnuolo, la voz de Spagnuolo para ser más preciso, puso en jaque al gobierno nacional y, como alguna vez dijera un veterano de la política, arrojó a los perros el honor de Karina Milei, revolcón que no sabemos como concluirá, pero que contamina con barro y estiércol la propia investidura de su querido hermano Javier, es decir, el presidente. Cuando se levantan estos temporales, los periodistas solemos ser arrastrados contra nuestra voluntad por las imprevistas novedades, por los escándalos políticos que los acompañan, por las declaraciones intempestivas de dirigentes de un lado o del otro y, muy en particular, por las riñas internas que sacuden a un oficialismo que en el escándalo que nos ocupa fue desbordado por la celeridad de los acontecimientos.
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II
Un aura de misterio acompañó a Spagnuolo. Se conocía su voz pero se sabía poco y nada de él; mucho menos de los motivos que condujeron a un funcionario a denunciar a sus jefes políticos. En el campamento mileísta hay razones para suponer que el peligro que representa Spagnuolo no proviene de lo que dijo, sino de lo que todavía no dijo. En ocasiones como estas, la política degrada en chismografía con tono de farándula, rumores alarmantes típicos del sensacionalismo, chismes de alcoba y hasta intervenciones de oscuras fuerzas del más allá, oscuridades que, supongo, solo alguna tarotista experimentada podría llegar a disipar. Se dijo que los audios eran falsos, que se trataba de una infame operación electoral kirchnerista, que detrás de tanta infamia estaban personajes tan antagónicos como Villarruel, Caputo y Pagano, los jefes de algunos laboratorios y el propio Macri. En la línea de responsabilidades se sumaban maridos y esposas, amantes clandestinos y como no podía estar ausente en estos fandangos el mismísimo Jaime Stiuso. Un batifondo que moviliza a políticos, funcionarios, periodistas, operadores profesionales, especuladores, pero no sé, no estoy del todo seguro si en todos los casos estos fandangos sacuden a toda la sociedad. Puede que con todos estos entremeses la política se haya degradado, con el añadido de que en estos grotescos, a los que los argentimnos estamos demasiado acostumbrados, se trepan al escenario como flamantes invitados los que dijeron que lavarían los pecados de la casta con el agua bendita de la causa libertaria. Puede que hayamos retrocedido unos pasos más en materia de credibilidad, retrocesos que apenas compensa el consuelo de saber que en esta Argentina bendecida por los dioses, no nos aburrimos nunca
III
Dos semanas después de los benditos audios que se siguen reiterando como un culebrón tropical, disponemos de algunas certezas. Algunas, repito, no demasiadas. Spagnuolo existe, es abogado y hasta no hace mucho era el abogado preferido del presidente. No hay motivos para suponer que el hombre conozca algo de remedios y de laboratorios, o de todo ese mejunje de intereses y tramas que suelen acompañar a estos negocios. Tampoco hay noticias de que alguna vez haya derramado una lágrima por las desgracias de los discapacitados, por el contrario, uno de sus objetivos en la ANDIS era retirarle el beneficio de una pensión a medio millón de titulares de estos beneficios, una decisión que tal vez sea razonable si se hace bien, mérito que en el caso de Spagnuolo deja mucho que desear, al punto que la única proeza sensible en la materia fue haber intimidado con retórica leguleya y lógica libertaria a un chico autista. Puede que la realidad sea contradictoria, pero en cierto momento su despliegue es inteligible hasta lo obvio. Spagnuolo, claro está, es una genuina creación de Milei. Su abogado, su amigo, su compañero de parrandas operísticas en Olivos y, si le vamos a creer a los audios, uno de sus operadores preferidos.
IV
A veces el estrépito de las noticias nos hace perder de vista lo importante. En el caso de Spagnuolo, interesa saber que su tarea, y la de un par de colaboradores, era negociar con los laboratorios, cobrar el porcentaje de una coima que luego recibía la dulce Karina. ¿Verdad o mentira? La justicia tendrá la última palabra, pero para no pecar de "juridicista" o de lavarme las manos invocando la majestad del derecho, corresponde decir que el gobierno no reaccionó como inocente. Por el contrario, abundaron los silencios estruendosos, las teorías conspirativas más ridículas, incluidos algunos sainetes protagonizados por damas de La Libertad Avanza que se lucen con su ingenio y talento en el Congreso. Digamos que la respuesta del gobierno al imprevisto escándalo dejó mucho que desear. Sigue dejando mucho que desear. Para simpatizantes de La Libertad Avanza no hay dudas de que se trata de una maniobra canallesca de los kukas. Se ha puesto de ejemplo el caso del dirigente radical Daniel Olivera, infamado en 2005 por una denuncia acerca de su fortuna personal que luego se verificó como falsa; tan falsa que hasta el propio denunciante pidió disculpas, aunque el daño ya estaba hecho porque la inocencia del dirigente radical recién pudo demostrarse después de las elecciones, cálculo que al olfato infalible del Alberto Fernández de entonces no se le debe haber escapado. No creo que el caso Spagnuolo se parezca a aquel lamentable y lastimoso episodio. Es más, estimo que la comparación es una afrenta a la memoria de Olivera. Lo siento por las seguidoras de Milei, pero este escándalo me recuerda más a los episodios ocurridos en tiempos de Néstor y Cristina Kirchner, con sus comisiones y sus bolsos, con sus intrigas y traiciones. O, para ser más certero, a la saga de corruptelas de los tiempos de Carlos Menem, una asociación tan verosímil que hasta el apellido Menem es uno de los protagonistas centrales del escándalo.